Mientras los casos de sífilis aumentan en América Latina y el Caribe, Venezuela enfrenta esta crisis sanitaria en medio de un profundo vacío institucional, marcado por la opacidad de información, el deterioro del sistema público de salud y las barreras para acceder a diagnóstico y tratamiento. Una infección prevenible y curable se transmite silenciosamente, especialmente entre jóvenes y personas vulnerables, evidenciando la urgencia de fortalecer las políticas públicas de prevención, educación sexual integral y garantía del derecho a la salud.
Elaborado por: Ángel Zavaleta
Actualizado por: Verlaine J. Rosales C.
Revisado y editado por: Kimberley K. González M.
Según la OMS más de un millón de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) que son tratables son transmitidas cada día alrededor del mundo a personas entre 15 y 49 años, la mayoría de estas, son asintomáticas. Entre estas afecciones se encuentra la sífilis, una infección bacteriana de transmisión sexual que destaca por ser una contradicción médica: es totalmente prevenible y curable, pero extremadamente destructiva si se ignora. Su peligro reside en su carácter silencioso y asintomático, ya que muchas personas no manifiestan síntomas evidentes, lo que facilita su propagación inadvertida a través de relaciones sexuales, transfusiones sanguíneas o durante el embarazo.
Estimaciones de la OPS indican que, en 2024 aparecieron 4,2 millones de casos nuevos de sífilis, un aumento de 500.000 casos con respecto a 2022 representado un ascenso del 15% de transmisiones.
La situación es especialmente preocupante en América Latina y el Caribe, ya que esta región presenta la mayor tasa de incidencia mundial de sífilis, con un 90% de los nuevos casos. La atención de este repunte en LATAM recae en una combinación de fallas estructurales que incluyen la falta de educación sexual integral (ESI), desigualdad en los servicios de salud, acceso limitado a pruebas y tratamientos adecuados y el estigma que puede representar esto para las personas afectadas en su entorno social.
Destaca el hecho de que las personas infectadas por sífilis tienden a multiplicar por dos el riesgo de contraer Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), como consecuencia de las lesiones físicas que el virus genera en la barrera natural de la piel.
Contexto venezolano: Vacío Institucional
En Venezuela, la situación es crítica, para 2025 la Red Venezolana de Gente Positiva alertaba de un aumento constante en los casos de Sífilis, siendo que Caracas registraba entre 80 y 90 nuevos casos mensuales, mientras que a nivel nacional se estimaban alrededor de 30 nuevos casos por mes, según datos proporcionados por Eduardo Franco, director general de la organización.
Más recientemente, el 14 de mayo de 2026, la Asociación Civil Niña Madre reportó un aumento de ITS en adolescentes venezolanos, la coordinadora general de la organización, Nubia Laguna, enfatizó que los jóvenes han normalizado estas condiciones, incluso sabiendo que las tienen, por lo que no buscan tratamiento.
Esta situación ocurre en medio de un contexto de opacidad de datos y la ausencia de cifras para atenderla de manera efectiva, la publicación del Boletín Epidemiológico omite información clave sobre Sífilis y otras ITS de vigilancia obligatoria, lo que dificulta el posicionamiento de la prevención como prioridad en el presupuesto público y el diseño de políticas públicas de prevención.
A esto se suma que las últimas décadas el país ha presentado un declive en su sistema institucional, convirtiendo esta afección fácil de tratar en una sentencia de cronicidad y propagación masiva. El colapso del Estado no solo ha dejado los hospitales vacíos, sino que ha destruido los protocolos básicos de salud pública, impidiendo el acceso a tratamientos.
Protocolos internacionales destacan que la sífilis se cura con Penicilina Benzatínica, sin embargo, en Venezuela el vacío institucional ha trasladado el costo al ciudadano, quien se enfrenta a situaciones como tratar de adquirir jeringas, soluciones y alcohol, que los hospitales públicos ya no proveen, mientras que en el sector privado el medicamento suele fluctuar entre los 6 y los 10 dólares americanos.
Resulta interesante que las primeras señales de la afección (chancros) no causan dolor y desaparecen solas, lo que lleva a las personas a creer erróneamente que se han curado, mientras la bacteria se oculta en el organismo para atacar años después. El silencio social que rodea a las infecciones de transmisión sexual, sumado a la falta de educación sexual integral, impide que los jóvenes identifiquen los riesgos hasta que las complicaciones son graves.
Desde Acción Solidaria destacamos que la educación sexual integral (ESI) es uno de los pilares fundamentales para proteger a niños, niñas y adolescentes mediante un enfoque preventivo sobre el uso de preservativos y las vías de transmisión de las ITS. Es esencial facilitar el acceso a pruebas rápidas y gratuitas de sífilis en zonas vulnerables, eliminando las barreras económicas que impiden un diagnóstico temprano.
Así mismo, es crucial capacitar al personal sanitario en un trato humanizado que garantice tratamientos adecuados sin discriminación. Un punto crítico es el blindaje de los programas de control prenatal, asegurando el tamizaje universal para erradicar la sífilis congénita en el país.
Solo mediante esta articulación de políticas públicas y vigilancia epidemiológica se podrá reducir el impacto de las ITS en el país. Estas acciones conjuntas representan una vía real para garantizar el derecho a la salud y mejorar el bienestar colectivo. El compromiso institucional debe ser proporcional a la urgencia de esta crisis sanitaria silenciada.

