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El presidente de la ONG Acción Solidaria, considera que una vasta mayoría de la población se opone al régimen, pero buena parte de la dirigencia de los partidos de oposición no está en sintonía con sus demandas y carencias

—Todos los relacionados con una “elección libre, justa y confiable”, como lo señaló la CIDH.  Lo del domingo fue un evento de participación condicionada, no una elección.  El régimen se dice popular, pero le teme a que el pueblo se exprese libremente, y no dar espacio para una salida constitucional, pacífica y democrática al enorme descontento es un gravísimo error.

—¿Ha sido suficiente la solidaridad con los presos políticos?

—No la que merecería toda persona presa en el país, ni por razones políticas ni por otras razones, todas sometidas a uno de los peores, más violentos, crueles y degradantes sistemas penitenciarios del mundo. Razón tiene el Observatorio Venezolano de Prisiones en parafrasear a Mandela: “Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada, como sus presos”.

—¿Sigue siendo solidario el venezolano?

—Mucho, dentro y fuera de Venezuela.

—¿La solidaridad necesaria?

—Organizarse dentro y fuera para salvar vidas y mitigar otros daños irreparables causados por la emergencia humanitaria.

—¿Es el éxodo una falta de solidaridad nacional?

—En absoluto; para millones de personas es la única manera de hacer frente a la tragedia nacional generada por quienes están hoy en el poder.

—Para presidir Acción Solidaria, ¿tiene las manos atadas?

—Solo por la impotencia de no poder responder en la dimensión que hace falta para mitigar tanto daño.

—¿Están amenazadas las instituciones de derechos humanos en Venezuela?

—Organizaciones y personas defensoras de derechos humanos actúan con plena consciencia del riesgo que corren, pero lo hacen cada día con más determinación y compromiso.

—Ex presidente de Sinergia, ¿qué falta para que el régimen haga  sinergia con la sociedad civil?

—Hace falta ADN democrático, y este no lo tiene.

—¿Volverá  la institucionalidad en la sociedad militar?

 

—Sin esa institucionalidad no habrá paz ni justicia; todos los órganos del Estado, y más aún el armado, tienen que estar sometidos al Estado de Derecho.

—¿Hay sinergia entre la oposición y la población?

—Una vasta mayoría de la población se opone al régimen, pero buena parte de la dirigencia de la oposición partidista no está en sintonía con sus demandas y carencias.

—¿La habrá entre gobierno y oposición?

—La situación actual es tan devastadora que la reconstrucción exigirá espacios de encuentro –también procesos de justicia y reparación– para volver a vivir dignamente.

—¿De qué sirvió el diálogo?

—Las cancillerías facilitadoras y otros actores lo habían planteado como un proceso de negociación “de buena fe”.  La representación del gobierno comenzó a violar ese principio desde temprano.

—Para algunos fue un “piano merengue”.

—Ojalá hubiera sido un proceso que permitiera superar graves disonancias por el bien de la población.  Cada día que pasa sin lograrlo, se cuenta en vidas perdidas, hambre y migraciones forzosas.

—¿Se debió abandonar la calle?

—La manifestación y protesta pacíficas son derechos humanos; “la calle”, que tiene muy diversas formas, es un espacio fundamental para el ejercicio de ese derecho.

—Arquitecto, ¿lo torcido en las estructuras del Estado?

—¿Ha quedado alguna en pie?

—¿Y en el estamento civil?

—En él está la redención, la única posibilidad de reconstrucción del país, sobre las ruinas en que la cúpula en el poder lo ha dejado.

—¿La revolución arquitectónica en los últimos 20 años?

—Las redes ciudadanas en sus muy diversas formas.  A pesar de todo intento por destruirlas o doblegarlas, han seguido no solo enfrentándose a las sombras sino además generando luz.

—¿El ecocidio nacional?

—El Arco Minero y tantos otros que llevaría páginas listar.

—¿Crearía un movimiento de oposición  urbanística?

—A las sombras simbólicas se fueron sumando las literales de los espacios de la vida en comunidad; sé que las calles, plazas, parques volverán a ser lugares amables de encuentro.

—¿Los nuevos amos del valle en materia de derechos humanos?

—“Amos” y “derechos humanos” no son compatibles.

—¿Qué ha significado la creciente  inseguridad para los nuevos conceptos urbanísticos?

—Las sociedades se fortalecen con los vínculos que se crean en los espacios de la vida cotidiana, que a su vez van generando tejido asociativo, diversidad, proyectos en común. La inseguridad produce el efecto contrario: aísla, atomiza, empobrece.

—¿Chequera mata naturaleza?

—Cuando por ideología y corrupción se destruye todo lo que genera bienestar y riqueza, preservar poder y privilegios puede llevar hasta vender el alma.

—¿Qué tal  un arquitecto en Miraflores?

—Si juega en equipo y respeta las reglas del juego, podría ser…

—¿La Torre de Babel nacional?

—¡Twitter!  Demasiados lenguajes de la misma lengua; hay que escarbar mucho para entenderse.

—¿Remodelaría el Palacio de Miraflores?

—Creo que el verdadero trabajo de remodelación debe ocurrir en las cabezas de quienes aspiren a ocuparlo como gobierno en el futuro.

—¿Un ícono de mal gusto?

—Otra larga lista, entre objetos, cambios de fisonomía en retratos de figuras históricas, neolengua, ojos de “gran hermano”, en fin…

—¿En qué parará La Carlota?

—Ojalá resulte en un gran espacio para la ciudad, como parte de ese proceso arduo de reconstrucción nacional.

—¿Y el Ávila?

 

—Siempre será referencia para quienes nacimos y crecimos en Caracas; no hay día en que no lo mire con detalle. Espero que de nuevo llegue el día de poder subir solamente a tocar cuatro y guitarra y regresar a medianoche, como en mi juventud.

—¿Le diseñaría una casa a un “revolucionario”?

—¿Te refieres a las especies de centros comerciales que se ven aquí y allá en urbanizaciones de altísimo costo? Símbolos groseros de corrupción desmedida, es lo único “revolucionario” que tienen.

—De seguir la anarquía, ¿qué será de las urbanizaciones?

—Espero que pronto puedan derribarse garitas y otros obstáculos para integrarlas como espacios en una ciudad de vida amable.

—¿Y los barrios?

—De igual manera; que no se viva con miedo, que pueda volver a hacerse vida en la calle, en espacios iluminados, de convivencia.

—¿El remedio a tanta basura?

—No parece posible por ahora, dada la concepción de la gestión pública de las cúpulas en el poder.  No ha quedado ningún área a salvo de la corrupción y la destrucción.

—¿Y a gente comiendo de ella?

—Una herida profunda en el alma, causada por esas cúpulas que hace tiempo se desconectaron de las personas; solo les interesan como instrumentos en momentos electorales.

—¿Qué haría con los campos de golf?

—En ciudades bien gestionadas tienen cabida.

—¿Y por Barrio Adentro?

—Apenas existe; fue un elemento más de la fragmentación del sistema público de salud, dependiente además de una dirección extranjera.

—¿Será el Guaire un balneario?

—Puede ser un río limpio y partes de su ribera convertidas efectivamente en áreas útiles.

—¿El próximo absurdo?

—De los más graves y con consecuencias a muy largo plazo: la destrucción ambiental.

—¿Será Caracas como La Habana?

 

—Ambas renacerán de las ruinas generadas por sus respectivos “involucionarios”.

—¿Comparte las cifras de Misión Vivienda?

—Organizaciones de derechos humanos han demostrado que son falaces.

—¿Comparte este régimen los derechos humanos universales?

—No cumple con ninguna de sus obligaciones de reconocimiento, respeto y protección.

—Fundador de Codevida, ¿cuánto vale hoy la vida de un connacional?

—Nada para las cúpulas en el poder; todo para las miles de personas, dentro y fuera de Venezuela, que no se han dejado vencer por la desesperanza y se han organizado solidariamente para brindar apoyo y asistencia.

—¿Qué pasaría en Venezuela si la sociedad civil, con o sin la FANB, hiciesen cumplir la Constitución y las leyes?

—Lo intentan a diario: entre acciones de incidencia nacionales e internacionales, articulación, participación, protestas, acompañamiento de víctimas de violaciones de derechos humanos, documentación y denuncia.

 

Fuente: Por JOLGUER RODRÍGUEZ / El Nacional