Día Mundial de la Salud: la ciencia como aliada clave frente al VIH

En el marco del Día Mundial de la Salud, la ciencia se reafirma como una herramienta clave para hacer del VIH una condición crónica de salud manejable; sin embargo, en contextos como el venezolano, las brechas en el acceso a servicios de salud, información y políticas públicas siguen poniendo vidas en riesgo.

Elaborado por: Kimberley González

Revisado por: Natasha C. Saturno S.

Fecha:  07/04/2025

En 1948, los países del mundo se unieron para crear la Organización Mundial de la Salud, reconociendo que la salud no solo es un derecho humano, sino también un pilar para la paz y la seguridad global. Cada 7 de abril se conmemora esta unión en el Día Mundial de la Salud, una fecha en la que se destaca un tema prioritario de salud pública. En 2026, el llamado es claro: “Juntos por la salud, apoyemos la ciencia”. Bajo esta premisa, el VIH se presenta como un ejemplo contundente de cómo la ciencia, orientada al bien común, puede convertirse en una herramienta clave para construir un futuro más saludable.

La campaña para este año está basada en la celebración de la Cumbre Internacional “Una Sola Salud”, organizada por la OMS y el Gobierno francés en el marco de la Presidencia francesa del G7, y el Foro Mundial inaugural de los Centros Colaboradores de la OMS, donde se reunirán casi 800 instituciones científicas de más de 850 países. Dado que, en conjunto, ambos eventos reúnen a la mayor red científica en torno a un organismo de las Naciones Unidas, se pone de manifiesto cómo unirse por la ciencia puede construir un futuro más saludable y seguro para todos.

El avance de la ciencia y el VIH

La aparición del VIH marcó un punto de inflexión en la historia de la salud pública mundial. Lo que en sus inicios fue un virus desconocido, rodeado de miedo, desinformación y estigma, se transformó en uno de los campos más dinámicos de la investigación médica contemporánea. En apenas cuatro décadas, una condición que en los años 80 representaba una sentencia de muerte ha pasado a ser una condición crónica de salud manejable, gracias al desarrollo de terapias eficaces y estrategias de prevención que hoy permiten a millones de personas llevar una vida plena.

El primer gran hito en la respuesta global apareció en 1985, cuando, gracias a la aprobación de la primera prueba de detección de VIH, las autoridades sanitarias comenzaron a desarrollar políticas de rastreo, prevención y control de calidad en los bancos de sangre, reduciendo al mínimo los riesgos de transmisión en ese entorno. 

En 1987, la consolidación del uso del preservativo como estrategia preventiva marcó otro avance clave, al incorporar por primera vez medidas de prevención sustentadas en evidencia científica dentro de las políticas públicas, impulsando campañas masivas de educación y concienciación.

Posteriormente, para 1994 la aprobación del primer medicamento para tratar la condición disminuyó considerablemente la transmisión vertical y sentó las bases para los modernos antirretrovirales que conocemos el día de hoy, para 1996, los avances científicos daban lugar al concepto de “indetectable = intransmisible”, un cambio de paradigma que devolvió esperanza y transformó la calidad de vida de las personas con VIH. 

Según datos de ONUSIDA, hoy las muertes relacionadas con el VIH/SIDA se han reducido en un 70% desde 2004, la innovación ha tomado impulso, las tecnologías de prevención tienen el potencial de prevenir las nuevas transmisiones y las nuevas alianzas han dado lugar a iniciativas para garantizar el acceso a medicamentos que salvan vidas. 

Sin embargo, al día de hoy 40,8 millones de personas tienen VIH en el mundo y 9,2 millones aún no acceden al tratamiento, lo que hace crucial la necesidad de seguir invirtiendo en ciencia, innovación y en la protección de los derechos de los grupos en situación de vulnerabilidad..

Venezuela: lo que falta para avanzar

En Venezuela, los avances conviven con importantes brechas. Según ONUSIDA, para 2024 el estimado de personas con VIH en el país es de 100.000 personas, de las cuales, unas 86.000 tienen su diagnóstico, y alrededor de 61.000 se encuentran en tratamiento. 

Desde 2019, la cooperación internacional, especialmente a través del Fondo Mundial de lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria, ha permitido mitigar la grave crisis de desabastecimiento de antirretrovirales, que alcanzó niveles críticos en 2017.

Aunque la cooperación ha logrado dar respuesta inmediata a la crisis, en Venezuela persisten desafíos estructurales que limitan una respuesta sostenida y basada en evidencia. Las barreras en el acceso a pruebas fundamentales como la medición de la carga viral y el recuento de linfocitos CD4 dificultan el monitoreo clínico oportuno y la toma de decisiones terapéuticas adecuadas. A esto se suma el subregistro de casos, que invisibiliza la magnitud real de la epidemia y debilita la planificación de políticas públicas.

Asimismo, determinados grupos enfrentan impactos desproporcionados: las comunidades indígenas, por ejemplo, continúan experimentando mayores obstáculos de acceso a servicios de salud, información y diagnóstico temprano, lo que profundiza las brechas de atención. 

Paralelamente, la ausencia de políticas públicas integrales y sostenidas en materia de prevención, así como la limitada implementación de programas de educación sexual integral en el sistema educativo, restringen el alcance de estrategias clave para reducir nuevas infecciones. En conjunto, estos factores configuran un entorno que no solo dificulta la respuesta sanitaria, sino que también perpetúa desigualdades en el acceso al derecho a la salud.

Además, la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC) que ha atravesado el país ha limitado la investigación científica sobre VIH en Venezuela, siendo que la mayoría de los estudios centrados en el comportamiento clínico de las personas con VIH fueron publicados antes de 2015, lo que genera importantes vacíos de conocimiento en la investigación relacionada a la prevalencia, eficacia del TAR de primera línea, resistencia a tratamientos, infecciones oportunistas, entre otros.

Desde Acción Solidaria, en el marco del Día Mundial de la Salud, reiteramos que no es posible alcanzar un futuro saludable sin una apuesta decidida por alianzas impulsadas por la ciencia. En Venezuela, cerrar las brechas de datos y garantizar el acceso universal a la innovación médica son pasos urgentes; solo a través de políticas basadas en evidencia científica podremos transformar la respuesta al VIH en un pilar de bienestar, dignidad y seguridad para todas las personas.