Compartir

Juan M. Rodrigues Goncalves

Desde hace un año, el mundo y Venezuela se enfrentan a la pandemia por el COVID-19. Desde entonces, 120.917.739 personas han contraído el virus, mientras que 2.674.151 personas han fallecido a consecuencia del coronavirus de acuerdo con datos ofrecidos por la Universidad de Johns Hopkins

A pesar de estas cifras, que son terribles, la humanidad a través de la ciencia, ha logrado desarrollar múltiples vacunas efectivas y que ya están siendo aplicadas a personas en el mundo, además, vienen otras en camino que están siendo desarrolladas. De acuerdo con la Organización Mundial para la Salud (OMS)/Organización Panamericana de la Salud (OPS), para febrero de este año, habían en desarrollo más de 230 vacunas, de las cuales 70 ya están en fase de prueba en humanos.

Esto por supuesto, representa una esperanza y buena noticia para el mundo, toda vez que el fin podría estar más cerca. No obstante, la logística que implica la vacunación presenta unos retos diferentes, donde la política, la situación económica y la demanda por las vacunas, afecta su disponibilidad en el mundo. 

En el contexto venezolano, el reto es con letras mayúsculas debido a la consecuencias que ha tenido la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC) que vive el país desde 2016, que ha afectado notablemente la estructura sanitaria y los servicios públicos, además de tener un impacto económico y social generador de indicadores de pobreza alarmantes, por lo que, hacerle frente a la pandemia era un crónica de un desafío anunciado para el país. 

El colapso de los servicios públicos, especialmente del servicio de agua, que impide a la población poder tener acceso diario y continuo a este bien que es esencial en el lavado de manos para prevenir contagios; que se requiere en los hospitales y centros de salud, aunado a las denuncias de faltas de equipos de protección personal, de pruebas, de insumos, de servicios médicos de atención para casos graves y hasta de personal, fueron y siguen siendo comunes, por lo que hacer frente a la creciente ola de casos que están siendo anunciados, se vuelve una tarea titánica.

Adicionalmente, la opacidad en el manejo de las cifras de casos y del número de pruebas que se han realizado, ha sido objeto de graves cuestionamientos. Han sido comunes las denuncias de diversos medios de comunicación, diputados y gremios sobre la disparidad en los anuncios y la posibilidad de existencia de un sub registro importante, lo cual, impide conocer el verdadero alcance de la pandemia en el país

En este sentido, el 8 de septiembre de 2020, la web del Instituto Nacional de Higiene (INH), daba cuenta de un total de 965 fallecidos, aunque en el anuncio oficial se había hablado de 435, posteriormente, la página web fue actualizada, para mostrar la cifra anunciada por la vocería oficial. 

Hasta julio de 2020, y de acuerdo con un trabajo de Prodavinci, Venezuela debió realizar 569.155 pruebas PCR, sin embargo, hasta el 28 de julio de 2020, solamente pudo realizar 16%, es decir, 90.686 pruebas. Todo esto se traduce en una incapacidad de poder estimar el alcance real y la evolución de la pandemia en Venezuela.

El Dr. Julio Castro, señaló en una entrevista a Efecto Cocuyo, que desde hace tres semanas en Caracas no se hacen pruebas PCR, debido a la falta de los insumos necesarios para aplicar las pruebas.

Por otro lado, un trabajo hecho por Bloomberg, señala la sospecha que hay en torno a las cifras de las últimas semanas, y las alarmas hechas desde la vocería oficial. En este orden de ideas, este trabajo señala que las Clínicas privadas del país están alcanzando su máxima capacidad de personas en sus unidades de cuidados intensivos. Asimismo, existen laboratorios privados que reportan la positividad de un tercio de la totalidad del tipo de pruebas que realizan por día. Este aumento, se debe, de acuerdo a expertos en la materia, al relajamiento de las medidas de confinamiento durante el mes de diciembre y, especialmente, durante los carnavales, donde la movilidad aumentó considerablemente. 

En definitiva, desde el reporte de los primeros casos, aún existen dudas sobre el alcance real de la pandemia, lo cual, impacta notablemente en las medidas que puedan tomarse para enfrentarla. 

Sobre este aspecto, hace poco más de un mes, la vacunación en Venezuela comenzó, sin un plan estructurado, y hasta el momento no hay acceso a un registro oficial de vacunados, ni tampoco existe un cronograma definido sobre los grupos que están próximos a recibir la vacuna.

Aunado a la anterior, el número de vacunas disponibles, también se encuentra en duda. Si bien es cierto que el Presidente Maduro anunció que Venezuela tiene acordado con Rusia la adquisición de 10 millones de dosis, hasta el momento, solo han llegado 100 mil

Adicionalmente, autoridades gubernamentales anunciaron hace pocos días, que no darían permiso de uso a la vacuna de AstraZeneca en el país, ante los recientes anuncios de gobiernos europeos de suspender su aplicación, por la (no comprobada) aparición  de ciertos efectos secundarios (trombosis), lo que podría afectar la disponibilidad de vacunas, debido a que mediante el mecanismo COVAX, Venezuela tenía reservadas un poco más de 1 millón de dosis de estas vacunas. 

No obstante, el Dr. Julio Castro, en declaraciones a Efecto Cocuyo señaló que existe voluntad en los sectores de la vida política nacional en poder llegar a acuerdos que permitan la llegada de más dosis de vacuna, a través del COVAX. De acuerdo con sus estimaciones, hacia mayo y junio, podría estar llegando al país una cantidad importante de dosis. 

La situación de incertidumbre, sumado al contexto de la EHC, requieren de acuerdos políticos que permitan desbloquear mecanismos de ayuda a la población y, en el caso específico del COVID-19, que permita la entrada de vacunas, su distribución y aplicación en la población, creando para ello un plan definido, priorizando grupos vulnerables, con la intención de poder ir reduciendo el impacto de la pandemia en el país.