Fiebre amarilla en Venezuela: por qué preocupa su expansión

La expansión de la fiebre amarilla en Venezuela vuelve a encender alertas sanitarias. La baja cobertura de vacunación, los desafíos del sistema de salud y los riesgos para grupos en situación de vulnerabilidad como las personas con VIH, plantean importantes retos para garantizar el derecho a la salud.

Elaborado por: Valeria Carrasquel y Verlaine Rosales.

Revisado y editado por: Natasha C. Saturno S.

En los últimos años, la fiebre amarilla ha vuelto a generar alerta en Venezuela. Actualmente, cerca del 70% del territorio nacional se considera zona endémica, lo que significa que existe un riesgo sostenido de transmisión del virus.

La fiebre amarilla es una condición de salud viral transmitida por mosquitos que puede provocar fiebre alta, daño hepático y complicaciones graves. Aunque existe una vacuna altamente eficaz, el control de la condición depende de que una gran parte de la población esté protegida.

Hoy, uno de los principales desafíos es la brecha en la cobertura de vacunación. De acuerdo a la médico infectóloga Dra. Patricia Valenzuela, para 2024 alrededor del 72% de la población venezolana se encontraba vacunada (con cifras de OPS), sin embargo, los estándares internacionales señalan que se requiere al menos 95% de cobertura para lograr inmunidad colectiva.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha advertido sobre la necesidad de fortalecer las campañas de inmunización en el país. Sin embargo, garantizar el acceso a la vacuna implica también resolver desafíos logísticos importantes, como mantener la cadena de frío, un requisito esencial para que la vacuna conserve su eficacia.

Vacunación y desigualdad en el acceso a la salud

En contextos de Emergencias Humanitarias Complejas (EHC), las brechas en vacunación suelen afectar con mayor intensidad a los grupos  en situación de vulnerabilidad.

Las dificultades para acceder a servicios de salud, las fallas en el suministro de insumos médicos y las limitaciones en los programas de inmunización pueden aumentar el riesgo de brotes y comprometer la protección de comunidades enteras.

Desde una perspectiva de derechos humanos, garantizar el acceso oportuno a la vacunación forma parte del derecho a la salud, reconocido en diversos instrumentos internacionales de los que Venezuela forma parte. Esto implica que los Estados tienen la responsabilidad de adoptar medidas para prevenir condiciones de salud, fortalecer la vigilancia epidemiológica y asegurar que las vacunas estén disponibles para toda la población.

Fiebre amarilla y VIH: una intersección que requiere atención

La expansión de la fiebre amarilla también plantea retos particulares para las personas con VIH. En ese sentido, el virus afecta el sistema inmunológico, debilitando la capacidad del organismo para responder a infecciones. En consecuencia, en un escenario de circulación activa del virus de la fiebre amarilla, algunas personas con VIH podrían enfrentar mayores riesgos de complicaciones, especialmente si su sistema inmunológico está comprometido.

Además, la vacuna contra la fiebre amarilla utiliza un virus vivo atenuado, lo que significa que su aplicación debe evaluarse en personas con inmunosupresión. De acuerdo con las recomendaciones internacionales, la vacunación puede estar contraindicada en casos de VIH avanzado o sintomático, mientras que en otras situaciones debe realizarse bajo evaluación médica.

La regla general es que si los CD4 de la persona con VIH son mayores a 200 y la persona es menor de 60 años, entonces es recomendable que se vacune, en caso contrario se sugiere conversar con el médico de cabecera para que la evaluación  sea individualizada.

Al mismo tiempo, algunos estudios han señalado que la respuesta inmunitaria a la vacuna puede ser menor en personas con VIH, lo que refuerza la necesidad de seguimiento médico y estrategias de protección adaptadas a este grupo.

Proteger la salud también es una obligación de derechos humanos

Frente a la expansión de la fiebre amarilla, fortalecer la vacunación, mejorar la información pública y garantizar servicios de salud accesibles son medidas fundamentales para prevenir nuevos brotes.

Por lo anterior, la respuesta sanitaria debe asegurar que todas las personas, incluidas aquellas con condiciones de salud preexistentes como el VIH, puedan acceder a información, prevención y atención oportuna.

Proteger la salud colectiva no solo es una prioridad epidemiológica: también es una responsabilidad del Estado, para garantizar el derecho a la vida, a la salud y a condiciones dignas para toda la población.En este contexto, desde Acción Solidaria reiteramos la importancia de fortalecer las estrategias de prevención, información y acceso a la salud frente a condiciones de salud prevenibles como la fiebre amarilla. A través de nuestro trabajo promovemos el acceso a información confiable, la orientación en salud y la defensa del derecho a servicios de atención oportunos y de calidad. Si tienes VIH y quieres saber más sobre nuestros servicios, te invitamos a darle clic aquí.