Quienes sostienen la vida se encuentran desprotegidas: la realidad de las Trabajadoras Domésticas en Venezuela

En Venezuela, las trabajadoras domésticas remuneradas, mayoritariamente mujeres, sostienen la vida cotidiana en medio de profundas desigualdades, pero lo hacen en condiciones de informalidad, precariedad y desprotección que reflejan las brechas estructurales de género y el impacto de la emergencia humanitaria.

Elaborado por: Kimberley González

Revisado y editado por: Natasha C. Saturno S.

El trabajo del hogar o doméstico es una de las ocupaciones más antiguas. Desde el año 1988, cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, como una forma de visibilizar y promover acciones en favor de las condiciones y derechos de quienes ejercen esta labor, quienes en su mayoría son mujeres.  

Este tipo de trabajo incluye tareas como el mantenimiento de los hogares, la limpieza, la preparación de alimentos, al igual que servicios de cuidado de otras personas como adultos mayores o niños, niñas y adolescentes (NNA). Hay quienes señalan que el trabajo doméstico y de cuidado sostiene la vida, pues su realización es fundamental para la actividad humana, el funcionamiento de los hogares y la economía. 

En América Latina y el Caribe, este tipo de trabajo tiene la particularidad de ser una ocupación principalmente femenina. Para 2019, según datos de la  Organización Internacional del Trabajo (OIT), 91,1% de quienes realizan trabajos domésticos en la región son mujeres y que 1 de cada 9 mujeres es trabajadora doméstica. Esto se debe, en gran medida, a la división sexual del trabajo que ha ubicado a mujeres y hombres en ciertas tareas a lo largo de la historia, respondiendo a roles y estereotipos de género. 

Aunado a esto, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en latinoamérica la mayoría de personas que se dedican al trabajo doméstico remunerado lo hacen en condiciones de informalidad, por lo tanto, no gozan de los derechos que la seguridad social puede brindar en relación a la cobertura de salud, pensiones, seguros de desempleo, licencias, seguro de invalidez, prestaciones de sobrevivientes, entre otros. En su mayoría, estas personas realizan sus funciones con base en acuerdos informales, sin contar con contratos escritos, lo que deja vacíos en cuanto al establecimiento de condiciones de trabajo, funciones, y por lo tanto, limita los procesos de control ante el incumplimiento. 

Además, este mismo estudio, señala que en estos trabajos, el tiempo invertido suele ubicarse por encima de las horas de la jornada laboral normal establecida. De este modo, mientras que la jornada laboral legal en la región se ubica entre 46 y 48 horas semanales, es común que quienes se dedican al trabajo doméstico sigan jornadas que excedan las 48 horas. Estos factores contribuyen con la precarización del trabajo doméstico y atentan contra la seguridad social de quienes llevan a cabo este tipo de actividades. 

Ser trabajadora doméstica en Venezuela

En el caso venezolano, donde la mayoría de los hogares cuentan con una jefatura de hogar femenina, esta precarización de la labor doméstica remunerada puede afectar de forma particular a los hogares a la luz de la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC). Según cifras de la OIT, contenidas en el informe “Políticas de cuidado en Venezuela” de Friedrich Ebert Stiftung, la proporción de trabajadoras domésticas con respecto al total de mujeres ocupadas en Venezuela es de 7,4%. Ese porcentaje,  serían aproximadamente 290 mil trabajadoras domésticas remuneradas, sin embargo, el mismo informe sugiere que otros cálculos indican casi el doble. De  estas, 95% trabaja en condiciones de informalidad.  Además, según cifras de la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2023, 57,1% de las mujeres que trabajan lo hacen por más de 38 horas semanales.

Sobre estas vulnerabilidades que viven las mujeres que se dedican a este tipo de trabajo, debemos agregar los datos del Análisis sobre Trabajo no remunerado y desigualdades de género en Venezuela que se realizó a partir de la encuesta de uso del tiempo (2023) publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde 88,7% de las mujeres venezolanas hacen trabajo no remunerado en su hogar o fuera de él, dedicando en promedio 6 horas y 18 minutos diarios. En este sentido, las mujeres que se dedican al trabajo doméstico remunerado en Venezuela se enfrentan a dobles y triples jornadas de trabajo dentro y fuera de sus hogares. 

Estas características a las que se enfrentan las mujeres que realizan este tipo de labores en Venezuela, profundizan las desigualdades sociales y de género existentes en el país, ante la escalada de la feminización de la pobreza que ocasiona que las mujeres y niñas se encuentren más propensas al empobrecimiento. 

La realidad es que con las condiciones venezolanas de hoy (según ENCOVI 2024) las mujeres venezolanas se enfrentan a baja inserción laboral, pocas horas de trabajo remunerado por responsabilidades de cuidados no remunerados, discriminaciones para acceder a cargos altos, desvalorización de los empleadores, entre otros.  A esto debemos sumar cargas desiguales de trabajo no remunerado, y barreras de género. 

Estas características limitan las posibilidades de disminuir la feminización del trabajo doméstico remunerado, así como de contrarrestar la invisibilización de esta labor y su aporte a la sociedad, por esto, se hace necesario impulsar políticas que cuiden a quienes se encargan a través de su trabajo de sostener la vida de las personas, con medidas de protección ante la inseguridad, y que propicien condiciones laborales dignas en un contexto como el venezolano.

Desde Acción Solidaria, consideramos fundamental visibilizar las condiciones en las que viven y trabajan las mujeres dedicadas al trabajo doméstico remunerado, así como promover el reconocimiento de su labor. Esto implica impulsar políticas públicas que garanticen condiciones laborales dignas, acceso a la seguridad social y mecanismos efectivos de protección frente a la informalidad y la discriminación. Avanzar hacia la igualdad de género en Venezuela requiere también reconocer, redistribuir y valorar el trabajo de quien cuida a otros.