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Las mujeres parecen ser un grupo invisibilizado en la respuesta contra el VIH, debido a múltiples factores: roles y estereotipos basados en género, la violencia física o sexual y los estigmas en torno al virus

Juan Manuel Rodrigues

Aún en la actualidad prevalece un estigma que asocia al VIH con la homosexualidad. En 1981, cuando se reportaron los primeros casos de lo que para entonces era una condición completamente desconocida, desde el Centro para Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos fue catalogada como una rara neumonía entre jóvenes homosexuales

Esta idea se arraigó en el subconsciente de las personas, en parte, por la narrativa manejada por los medios de comunicación de entonces que, por el desconocimiento, calificaron al VIH/Sida como un cáncer que afectaba solamente a homosexuales

Aunque ha habido avances significativos, hay prejuicios que aumentan la situación de vulnerabilidad de las personas que viven con VIH. 

Esta idea, que determina al VIH como una condición de hombres homosexuales o bisexuales, afecta notablemente a las mujeres, un grupo que pareciera estar marginado en la respuesta contra el VIH, debido al tabú que existe entre las mujeres en torno al virus y la falta de políticas públicas diferenciadas. 

En un diagnóstico comunitario hecho por Acción Solidaria, entre marzo y abril de este año, se encuestaron a 399 personas y 20% de la muestra vive con VIH. De esa proporción, solo 14% se identificó como mujer. 

Ahora bien, ¿esta proporción se mantiene en la realidad? Es decir, ¿hay una diferencia marcada entre el número de hombres y mujeres que viven con VIH? La respuesta es no. 

De acuerdo con cifras de ONUSIDA, en 2015, 51% de las personas que vivía con VIH eran mujeres, adolescentes o niñas; para 2020 ese porcentaje aumentó a 53%. En ese mismo año, el 50% de las nuevas infecciones por VIH fueron mujeres y niñas.

Es necesario acotar que la realidad cambia por contexto y regiones. Así, de acuerdo con datos recogidos por CEPAZ, en Venezuela, entre 2014 y 2017, 67% de las personas con VIH eran hombres. Sin embargo, la proporción de mujeres con VIH ha ido en aumento considerablemente, ya que en 2007, 20% de las personas con VIH eran mujeres, para 2015 ese porcentaje subió a 38%. Actualmente, resulta difícil estimar la proporción de mujeres y hombres con VIH debido a la cobertura de pruebas diagnósticas y la falta de cifras oficiales recientes sobre la epidemia. 

Sin embargo, si asumimos estas cifras como cierta, vemos que la brecha entre hombres y mujeres se aleja de la reflejada en el estudio, donde casi 9 de 10 personas con VIH encuestadas se identificaron como hombres. 

¿Por qué las mujeres están en mayor riesgo?

Estudios sugieren que las mujeres son de 2 a 4 veces más propensas de contraer VIH que los hombres debido a que la zona de exposición al virus durante los actos sexuales es mayor que en el caso de los hombres. Estos factores se agravan cuando se trata de niñas y adolescentes, en pleno proceso de desarrollo.

Asimismo, los roles y estereotipos de género sobre las mujeres y en especial, sobre la forma en la que estas expresan y viven su sexualidad, les dificulta el acceso a información sobre temas de salud sexual y reproductiva y les impide poder negociar el uso de preservativos o de prácticas sexuales seguras. La falta de información es un factor a considerar cuando se habla de VIH, en el estudio hecho por Acción Solidaria, 14% de las mujeres encuestadas manifestó no tener suficiente información sobre salud sexual y reproductiva. 

Además, las mujeres que han sufrido o sufren algún tipo de violencia física o sexual dentro de la pareja tienen 1,5 veces más probabilidades de contraer VIH que cualquier otra mujer.

La respuesta al VIH no solamente debe atender a criterios médicos, sino que además debemos considerar factores de riesgos generales y particulares de grupos vulnerables, como las mujeres. Se hace necesario que exista mayor disponibilidad de servicios médicos con respuesta diferenciada, que se implemente políticas públicas educativas adecuadas que permitan a las mujeres a tener acceso a información sobre derechos sexuales y reproductivos, para brindar herramientas que les permita poder gozar de prácticas sexuales más seguras y alejada de roles, estereotipos y estigmas. 

En definitiva, la respuesta debe incluir un enfoque de género y esta idea debe ser aplicada en Venezuela, no solamente por parte del Estado, sino también por todos los actores que trabajan en materia de VIH.