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A propósito del Día Internacional de las Enfermeras, algunas de ellas contaron cómo han vivido la crisis sanitaria venezolana y la vulneración del derecho a la salud y qué impacto ha tenido sobre sus vidas y sus dinámicas laborales la desatención del Estado

María Jesús Vallejo

Haidy Atacho es enfermera en el Hospital Materno Infantil Dr. Pastor Oropeza desde hace 16 años. Cubre el turno nocturno. Sabe a qué hora comienza su jornada pero no sabe a qué hora termina porque el déficit de personal la ha obligado a ella y algunas compañeras a cubrir más de un turno. Tampoco puede tomar sus descansos porque no hay quien atienda a todas las personas que van al centro de salud, un hospital público tipo III que atiende las necesidades de gestantes y neonatales. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que debe haber al menos 1 enfermera por cada 250 habitantes. De acuerdo con Ana Rosario Contretas, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas, en Venezuela debería haber 120.000 enfermeras y enfermeros, pero la cifra apenas se acerca a 30.000. Aunque el déficit del personal no es un fenómeno reciente. Según un cálculo de Prodavinci, ya en el año 2001 hacían falta un poco más de 70.000 enfermeras para cumplir con el estándar, lo que significaba un déficit de 71,60%.

El cálculo coincide con los datos recopilados por HumVenezuela que muestran que para junio de 2021, 88,5% del personal de enfermería se había retirado del sistema sanitario público. 

Servicios de salud sin calidad

El déficit de personal de salud afecta el rendimiento de quienes siguen trabajando, como Haidy Atache que muchas veces debe cubrir más de una jornada para poder garantizar la atención de las pacientes; pero también impacta directamente sobre el derecho a la salud, el cual, de acuerdo a las obligaciones en materia de derechos humanos del Estado venezolano, debe ser medido bajo los estándares de la Observación General Número 14 del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales: accesibilidad, disponibilidad, aceptabilidad y calidad. 

Julio García, presidente del Colegio de Enfermería de Carabobo, asegura que la calidad de atención de las personas disminuye cuando un centro médico no cuenta con la cantidad necesaria de enfermeras y enfermeros; incluso, precisa, esto puede convertirse en un caso de negligencia, por ejemplo, si el personal no descansa. “Muchas enfermeras van a su trabajo y no saben cuántos pacientes va a atender. A veces hay tres enfermeras para 50 pacientes o para dos servicios a la vez”, dice.

La pandemia por Covid-19 agudizó la crisis pero el gremio comenzó a exigir mejoras laborales desde 2015, antes de que se hablara de la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC). Ana Rosario Contreras afirma que el sistema sanitario público en Venezuela nunca ha funcionado al cien por ciento de su capacidad, porque el Estado nunca ha asignado el presupuesto que corresponde. Sin embargo, era eficiente: abastecimiento de insumos y equipos operativos, camas disponibles, estructuras en buen estado y, sobre todo, suficiente personal de enfermería. 

Contreras detalla que hace siete años, muchas de sus compañeras comenzaron a notar que faltaban insumos y medicamentos y lo que se dañaba, no se reparaba. En 2015, solicitaron a la Asamblea Nacional que se declarara la crisis hospitalaria. “Trabajábamos entre la vida y la muerte y no teníamos condiciones laborales para hacerlo”, dice. No hubo respuestas. Dos años después se suspendieron programas como los de trasplantes y medicamentos de alto costo y en 2018 colapsaron muchos centros médicos, lo que implicó el cierre de varios servicios dentro de los hospitales. 

La emergencia global evidenció que el sistema sanitario venezolano no tiene las condiciones para garantizar el acceso a la salud de todas las personas. Según Contreras, dentro del personal de salud se han registrado 800 muertes a causa del SARS-CoV-2.

Salarios que no cubren el costo de la vida

El salario de una enfermera oscila entre los 30 y los 50 dólares mensuales, mientras que la canasta básica de alimentos, para marzo de este año, tuvo un costo de 471 dólares, de acuerdo con los datos del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM). Entonces, el ingreso oficial de un profesional de enfermería sólo cubre entre 6% y 10% del gasto de alimentación.

Darolys Leal trabaja desde hace 17 años en el  Hospital Dr. Domingo Luciani​, un centro médico de tipo IV que cuenta con todas las especialidades. La última quincena del mes de abril recibió un ingreso de 400 bolívares -lo que a la tasa del Banco Central de Venezuela equivale a 86 dólares-. Con eso puede hacer mercado para un mes, pero explica que no puede comprar suficientes proteínas ni darse lujos como recreación. 

Algo que le permite a Darolys tener más libertad y holgura financiera son las guardias privadas, que son servicios que ofrece a pacientes que van directamente con ella porque necesitan una atención que en el hospital no pueden recibir. “Una guardia privada, por ejemplo, de 24 horas, pueden ser 100 dólares, entonces si en el mes me sale una, es una ayuda”, dice y detalla que esas ganancias siempre prefiere reservarlas para casos de emergencias.

No todas las enfermeras han tenido esa suerte. Flor Pérez suma 12 años de servicio en el Hospital de Niños J. M. de los Ríos​. Vive con su esposo, dos hijas adolescentes, dos niños y una nieta. No saca cuentas, pero cree que semanalmente gasta 45 dólares en comida para siete personas. Todo lo que ella y su esposo ganan lo destinan a la alimentación. Además, solo en pasaje, gasta 60 bolívares cada semana, lo que representa 46% de su ingreso mensual.

La vocación las mantiene en pie

Con todo lo que significa trabajar en primera línea en un país con un sistema de salud deteriorado, muchas enfermeras siguen creyendo que lo que hacen es importante para la sociedad. Flor Pérez dice que niños y niñas que luchan por la vida la motivan a mantenerse ahí: “Verlos me motiva. Resuelvo cómo atenderlos hasta que ya no haya más opciones”. 

Darolys Leal dice que su vocación y sentirse activa son razones para continuar. Además, siente apego por Venezuela y no le interesa emigrar por ahora, aunque sabe que en otros países podría ganar mucho más por lo que hace acá. 

Para Haidy Atacho está claro: el personal de salud se caracteriza por tener amor. “El hecho de escuchar al paciente, de entenderlo, de empatizar, te da la satisfacción de ir al hospital. A veces te preguntas qué haces trabajando, pero cuando llegas y eres una solución para el paciente, te sientes bien. Es un compromiso y queremos lo que hacemos. Todos se van, médicos, vigilantes, todos, pero la enfermera siempre está”.