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Jennifer C. Jardim Gouveia

Universalmente se le reconoce al agua la cualidad de derecho humano, por lo que su acceso debe ser común para todas las personas con independencia de su género, clase social o preferencia política. Este derecho no se limita a únicamente a contar con agua, sino que se trata de un derecho multifactorial que incluye, entre otros elementos, el derecho de las personas a este recurso; la responsabilidad de los poderes públicos de garantizarlo; el servicio de acceso a todas las personas; y el ámbito de aplicación de los Estados.

En Venezuela, tal como ocurre con otros servicios públicos, el agua presenta diversas fallas en todo el país. El Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), en un monitoreo reciente a 12 urbes del país, registró un descontento generalizado del 61% de los encuestados que calificaron negativamente la calidad del servicio de agua potable que reciben en sus hogares; de estos, un 71,9% lo hizo debido a la inconstancia en la recepción del recurso.

Asimismo, la muestra de 12 ciudades respecto a la frecuencia con la que se percibe el agua potable en nuestro país arrojó que 9,4% recibe el agua tan sólo una vez a la semana y 8,4% no recibe agua de ninguna forma. Ante esta perspectiva tan difícil de afrontar en los hogares del país resultaría importante conocer cómo afectan estas fallas a los centros de salud venezolanos, que ya enfrentan otras vulnerabilidades propias de una crisis hospitalaria como la falta de insumos, equipos inoperantes, bajos salarios y déficit de especialistas.

¿Qué pasa en los hospitales y centros de salud pública?

Según datos de Monitor Salud, 70,9% de los centros de salud del país se ven afectados por la crisis de servicio de agua potable. La situación se agudiza en el interior del país: en 12 de 16 hospitales del oriente no llega el recurso a la totalidad de las áreas, mientras que en occidente solo en 7 de 20 centros de salud el servicio de agua potable cubre todas las áreas del centro. 

Esta situación ha llevado a quienes laboran en estos hospitales a buscar alternativas tanto para ellos como para las personas que acuden buscando asistencia médica. En 13 de 20 centros de salud del occidente cuando no se obtiene agua a través de las tuberías el servicio es suministrado a través camiones cisternas. En el resto, el servicio llega a través de pozos.

Sin embargo, no es una opción para todos los hospitales que constantemente reportan fallas o racionamiento de este servicio. En uno de los principales centros de salud de la capital, el Hospital Vargas, almacenan agua en envases (algunos de una capacidad menor a 2 litros) para mantener en funcionamiento sus baños cuando no llega el agua a través de las tuberías.

En Zulia, uno de los estados más afectados por las fallas en los servicios públicos, la crisis hospitalaria ha alcanzado niveles particularmente preocupantes. En los principales centros de Maracaibo, el Hospital de Chiquinquirá y el Hospital Universitario de Maracaibo, la falta de agua y las fallas eléctricas afectan en gran medida su funcionamiento.

El tener que enfrentar la pandemia por el virus del SARS-CoV-2 sin contar con agua ha llevado al primer centro centinela del Zulia, el Hospital Universitario de Maracaibo, a solicitar para la atención de personas con la infección por SARS-CoV-2, el agua, tan necesaria para que el personal de salud pueda cumplir con las medidas mínimas para evitar el contagio.

El médico infectólogo Julio Castro, que coordina la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) desde el año 2015, se ha referido a cómo esta ausencia de agua en los centros de salud es un indicador inequívoco de la persistencia de la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC) que atraviesa Venezuela: “60% (de los centros de salud) todavía hoy, después de cinco años, tiene agua intermitente dos veces a la semana o no tiene agua”.

Las personas con condiciones renales son las más afectadas

Las fallas en el servicio de agua en los centros de diálisis del país solo suponen una cosa: la paralización de las jornadas de diálisis; ya sea por la reducción de horas y turnos para distribuir el agua disponible o por la suspensión definitiva de los tratamientos hasta que sea reintegrado el servicio. 

Algunos de estos centros han optado por buscar alternativas para aminorar los efectos que producen las fallas del servicio y contratan camiones cisternas, ello tampoco garantiza el acceso al tratamiento. Muchas veces, son los mismos usuarios quienes buscan reunir el dinero necesario para la contratación de cisternas; como sucedió en Centro Nefrológico del Zulia (Nefrozulia) donde quienes no pudieron dializarse (segundo y tercer turno) reunieron 40 dólares por 10.000 litros de agua teniendo que elegir entre adquirir alimentos o pagar el agua para sus tratamientos.

Esta incertidumbre sobre cuándo podrán dializarse las personas con condiciones renales, ha generado protestas exigiendo el cumplimiento de sus derechos humanos. Quienes requieren diálisis no tienen más opción que esperar el envío de camiones cisterna o que se restablezca el servicio: “Aquí todo depende del agua. Si hay, nos dan tres horas de tratamiento; si no, solo dos, para que rinda para todos”. 

La situación de las personas con condiciones nefrológicas es tan delicada que en una oportunidad un grupo de afectados de la unidad de diálisis ubicada en el Centro Comercial El Sol (Maracaibo) cerró la avenida Sabaneta, Allí, los funcionarios de la Guardia Nacional pararon a camiones cisternas para quitarles el agua y surtir al centro de salud. “Primero agarraron un camión, pero el agua era salada y no servía; después, agarraron otro y esa sí sirvió. El punto es que esto no debe de pasar (…)”, sentenció el familiar de una mujer que requería dializarse.

Lamentablemente, esta inconstancia en el acceso al tratamiento por las fallas en el servicio de agua potable ha causado complicaciones en las personas con condiciones renales e inclusive el fallecimiento de algunos ante la paralización por más de 24 horas de las unidades de diálisis. 

Baños de hospitales: focos de infecciones y bacterias

Según el informe Global progress report on WASH in health care facilities: fundamentals first de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, en los centros de atención de salud resulta esencial el cumplimiento de los requisitos mínimos en materia de agua, saneamiento e higiene. Los servicios de saneamiento básicos envuelven el acceso a baños o letrinas que garanticen la higiene del espacio sin que implique un riesgo para la salud de quienes los utilizan. 

Usuarios del Centro Cardiológico de Maracay denunciaron en el mes de marzo el colapso del sistema de aguas servidas, vale indicar que esta situación aumenta los riesgos a la salud no solo de quienes asisten en el centro sino también de todo su personal. Mientras que, debido a las aguas negras desbordadas y baños inservibles, quienes se encuentran hospitalizados el Hospital Central de Maturín “se ven obligados a hacer sus necesidades en bolsas”.

Un servicio que debe ser garantizado 

Finalmente, tal como lo indicó el Secretario General de la ONU, António Guterres, el acceso a los servicios de agua, saneamiento e higiene resultan “los requisitos más básicos para prevenir y controlar infecciones y garantizar la calidad de la atención. Son fundamentales para respetar la dignidad y los derechos humanos de cualquier persona que necesite atención médica, y también de los propios trabajadores de la salud”. De allí la importancia de su cumplimiento a todos los venezolanos, teniendo especial énfasis en aquellas poblaciones más vulnerables ante su ausencia, como aquellos que presentan diversas condiciones de salud y personal médico. 

El Estado debe garantizar a sus ciudadanos la disponibilidad y accesibilidad física a estos servicios que constituyen factores determinantes básicos de la salud, como agua limpia potable y condiciones sanitarias adecuadas, desarrollando políticas de salud que aseguren el cumplimiento, distribución y administración de este recurso vital para todos los seres vivos sin distinción.