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Por: Juan M. Rodrigues G.

El pasado 22 de noviembre, el presidente Nicolás Maduro anunció como “regalo” a Venezuela “…la flexibilización para todo el mes de diciembre…”, es decir, durante el último mes del año el esquema de cuarentena que venía aplicándose, será suspendido y todas las semanas del mes de diciembre serán flexibles, aunque, al menos en la ciudad de Caracas el llamado esquema 7+7 plus, no estaba siendo aplicado incluso, los controles policiales en vías principales han desaparecido en el último mes.

No obstante, la medida anunciada, generará una mayor movilidad lo que previsiblemente generará un aumento de los casos de COVID-19. Ahora bien, ¿está Venezuela preparada para un levantamiento de las medidas de cuarentena?

Para responder a esta pregunta, es útil considerar los casos de Argentina, Perú y España. Así las cosas, Argentina es un país de más de 45 millones de personas, hasta la fecha ha registrado 1.381.795 casos de COVID-19, de hecho, de acuerdo con el registro llevado por la Universidad de John Hopkins, de Estados Unidos, es el noveno país del mundo con más casos del nuevo coronavirus.

En este orden de ideas, recién hace algunas semanas, el presidente Alberto Fernández anunció una desescalada de las medidas de confinamiento, debido a la disminución sostenida de casos, aunque el promedio diario de casos de los últimos siete días es de 7.541. Sin embargo, hay que destacar que dichas medidas de flexibilización no consideran una liberalización de los controles, por lo que se sigue manteniendo restricciones en la movilidad, especialmente en el transporte público, donde solamente podrán ingresar aquellos trabajadores esenciales.

El segundo caso, es el de Perú. Con una población de casi 32 millones de personas, se han registrado hasta ahora 952.439 casos de COVID-19. El gobierno peruano, desde hace un mes, anunció una extensión de las prohibiciones de movilización nocturna y la prohibición de reuniones sociales y familiares en todo el país, hasta el final de este mes.

El último caso a comparar es el de España, uno de los países del mundo más afectado por la pandemia con 1.605.066 casos de COVID-19, el pasado 21 de junio venció la sexta y última prórroga del estado de alarma, y entró en vigencia un nuevo decreto que regula la nueva normalidad. No obstante, desde la entrada en vigencia de dicho instrumento, han sido comunes los decretos de nuevos confinamientos estrictos en varias comunidades autónomas.

En este sentido, las cifras de contagio de COVID-19, han aumentado en las últimas semanas en España. Solo el 25 de noviembre, fueron reportados 5.400 nuevos casos, y 531 muertes, ésta última cifra representa un pico en esta segunda oleada. Así, en los últimos días, España se ha centrado en el manejo de las fiestas navideñas, y se ha podido saber que se limitará el número de personas que podrán reunirse durante las festividades, además de la prohibición de movilidad nocturna durante estas fechas.

Del análisis general de esos tres casos, se desprenden algunas conclusiones: la primera de ellas, en todos los casos han aplicado medidas de flexibilización de forma controlada, estableciendo restricciones fuertes en ciertos sectores (aforo de establecimientos, uso de transporte público y prohibición de movilización nocturna); la segunda, la flexibilización, al aumentar la movilidad de personas, genera un aumento en el número de contagios, hecho que ha generado rebrotes, especialmente en España, que ha obligado a establecer nuevas cuarentenas.

En tercer lugar, a pesar de las medidas de flexibilización, en ningún momento se han hecho anuncios de flexibilización generalizada, y muchos menos en el mes de diciembre, tiempo durante el cual es previsible que la gente se movilice aún más.

Ahora bien, si en los ejemplos mencionados anteriormente, conformado por países que no atraviesan una emergencia humanitaria compleja, con sistemas de salud estructurados, dotados y con recursos y en los cuales el manejo de la información relacionada con la pandemia ha sido mucho más transparente, no se han anunciado un levantamiento generalizado de las medidas de restricción, ¿cómo podría Venezuela afrontar un escenario así?

En nuestro caso, el manejo de la información ha sido restringido, no existe claridad en torno al número real de pruebas que se realizan, incluso algunas de las cifras anunciadas han generado discrepancias. El esquema de cuarentena alternada por semana, no ha disminuido la movilidad de personas, y en el último mes los controles se han relajado de forma considerable

Asimismo, declaraciones como las hechas por la directora del Hospital Universitario de Maracaibo, sugieren un aumento considerable de los casos positivos en dicho centro asistencial. Igualmente, Jaime Lorenzo, director de la organización Médicos Unidos de Venezuela, ha señalado que el manejo del COVID-19 en Venezuela ha permeado todos los niveles de la atención hospitalaria, es decir, no existe una línea de defensa clara, y todos los trabajadores de salud, de todos los niveles de atención, han tenido que atender la crisis generada por la pandemia.

En conclusión, el caso venezolano, y más aún en las circunstancias actuales del país, no puede haber un patrón diferente al que han seguido otros países, por lo que la liberalización anunciada, parece un poco temeraria, y aunque los controles se han ido relajando en las últimas semanas, una falsa sensación de control, podría generar consecuencias graves, por lo que, a pesar del anuncio, es necesario que los ciudadanos sigan manteniendo las restricciones y que el Estado brinde apoyo y medios a las personas más vulnerables, para que estas puedan contar con los elementos necesarios de protección.