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Fecha: 20/agosto/2020

Natasha Saturno Siñovsky

Para el 19 de agosto según cifras oficiales, ya teníamos un total de 36.868 casos confirmados de COVID-19 con 303 decesos en Venezuela. Y una de las cosas que más ha generado preocupación y se ha denunciado frecuentemente, es la cantidad de fallecimientos del personal de salud que ha estado al frente de la atención de las personas contagiadas por el coronavirus.

Hasta la misma fecha, la organización de la sociedad civil Médicos Unidos por Venezuela (MUV) indicaba de acuerdo a su registro (ya que no tenemos datos oficiales), que habían fallecido por coronavirus 80 profesionales de la salud, entre médicos, enfermeros y otros, de los cuales, medios de comunicación como Efecto Cocuyo han verificado 65 de estos decesos. Si hacemos un cruce de esta información, la tasa de mortalidad nos da entre 20% – 26%. Esta situación ha sido denunciada por el diputado José Manuel Olivares quien indicó que en Venezuela los médicos tienen 30 veces más riesgo de contagiarse y 111 veces más riesgo de morir por el coronavirus.

La realidad es que muchos de estos casos no han sido reportados de forma oficial y debido a la metodología empleada por las autoridades sanitarias (falta de descentralización de las pruebas PCR por ejemplo) para el diagnóstico del coronavirus, es probable que los decesos generales por COVID-19 sean mucho mayores, y la tasa de mortalidad del personal de salud en comparación sería menor, como bien ha indicado el equipo de Cocuyo Chequea, que estipulaba la tasa de mortalidad en 11,6%.

Sin embargo, no deja de ser alarmante e injustificable la cantidad de profesionales que en el cumplimiento de su labor han perdido la vida. Venezuela recibió la pandemia en medio de una Emergencia Humanitaria Compleja, y ha sido el deteriorado sistema sanitario público del país a través de su personal quienes han tenido que hacerle frente: sin insumos médicos, sin fármacos, con una infraestructura destruida, con sueldos que no cubren siquiera la canasta básica alimentaria y con una reducción dramática de las capacidades de atención desde el 2016.

Mientras otros países aplauden a sus valientes trabajadores, en Venezuela el personal del gremio de salud debe rechazar los aplausos y exigir los insumos indispensables para poder atender a personas contagiadas con el virus (solicitud que no ha sido respondida aún). Estas 80 vidas pérdidas son lamentablemente, un reflejo del valor que el gobierno de Nicolás Maduro les da a sus trabajadores de primera línea.