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María Jesús Vallejo

Como parte de nuestro objetivo de trabajar por los derechos sexuales y reproductivos, en el marco del mes de la higiene menstrual, el equipo de Acción Solidaria visitó dos comunidades en sectores populares de Caracas: Altos de Lídice, en La Pastora, y El 70, en El Valle. Allí se entregaron 50 kits menstruales de toallas de tela, donados por Days for Girls, a mujeres y adolescentes.

Tibisay Mendoza, especialista en educación sexual alternativa y miembro del colectivo Las Comadres Púrpuras, fue nuestra aliada encargada de guiar la conversación sobre la salud menstrual, derribar mitos en torno a la regla y, sobre todo, entender que no hay nada de sucio en ella.

Aura Sarmiento y Sheila Chaparro fueron las lideresas que nos acompañaron durante los talleres y quienes convocaron a mujeres de sus sectores de acuerdo con las necesidades de cada una. Ambas coincidieron en que hay muchas precariedades en esas comunidades y la menstruación se puede convertir en un factor de discriminación para muchas.

Los talleres comenzaron con dinámicas que les permitieron a las participantes identificar los tabúes que se siguen construyendo en torno a la menstruación. Algunas de las afirmaciones que se repitieron es que la regla es secreta, es razón para sentir miedo y vergüenza; también, que las personas menstruantes deben sufrir dolores durante el período.

Mendoza, nuestra compañera experta, insistió en que las irregularidades no son normales: sangrados muy prolongados o en grandes cantidades, dolores muy intensos o falta de menstruación, son síntomas que deben ser estudiados por especialistas. 

Luego, se desarrolló un debate acerca de cómo gestionar la menstruación, cuáles son los hábitos más saludables y cómo usar las toallas reusables de tela que formaban parte de los kits entregados. 

En dos jornadas de dos horas cada una, nuestro equipo tuvo la oportunidad de dos cosas. La primera fue descubrir que la desinformación y la falta de acceso a la salud y a métodos de higiene aíslan a las personas menstruantes y afectan de forma negativa su bienestar físico y emocional. 

Y, luego, de escuchar a mujeres que luchan a diario por su autonomía y por tener la capacidad para decidir sobre sus cuerpos y la forma en la que viven la sexualidad; pero, además, trabajan por generar impactos positivos en sus entornos a través de la educación.