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Más allá de una efeméride, el Día Internacional de los Derechos Humanos es un recordatorio de la necesidad urgente de defender los principios fundamentales que sustentan la dignidad humana, fomentando así un mundo donde los derechos inherentes a cada persona sean respetados y protegidos hoy y siempre

Jackelin Díaz Landázabal

En la esencia misma de los derechos humanos reside la convicción fundamental de que cada individuo, simplemente por ser humano, merece el respeto y la garantía de su dignidad. Natasha Saturno, directora de la Unidad de Exigibilidad e Incidencia en Derechos Humanos de Acción Solidaria, enfatiza esta premisa, subrayando la importancia de reconocer la dignidad intrínseca de cada persona debido a que, sobre este principio, se construye el edificio moral y legal de los derechos humanos.

Los derechos humanos, en su esencia, son el mecanismo mediante el cual esta garantía de dignidad se transforma en una realidad concreta. Son los instrumentos legales y éticos que buscan asegurar que ningún individuo sea objeto de tratos inhumanos o degradantes y que todos tengan acceso a la educación, la salud y la participación plena en la sociedad. Los derechos humanos, en palabras de Saturno, son «la firme convicción de que cada persona por el único hecho de ser persona merece vivir con dignidad».

Por eso, el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, revela un capítulo crucial en la evolución de nuestra comprensión global de la dignidad humana. Las Naciones Unidas, a través de su portal web, reseña que esta fecha conmemora la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, un documento nacido de la necesidad de establecer un marco universal que protegiera los derechos fundamentales de todas las personas tras los horrores registrados durante la Segunda Guerra Mundial.

La Segunda Guerra Mundial, que tuvo lugar entre 1939 y 1945, fue testigo de violaciones masivas de los derechos humanos, incluyendo genocidios, crímenes de guerra y atrocidades sistemáticas perpetradas por regímenes totalitarios. El Holocausto, donde millones de personas fueron exterminadas debido a su origen étnico, religión u orientación política, destacó la urgencia de crear estatutos internacionales para proteger la dignidad humana.

En este escenario, la comunidad internacional se unió en el marco de las Naciones Unidas para establecer principios universales que garantizaran primero que tales atrocidades no se repitieran y segundo que la igualdad, la libertad y la dignidad de todos los seres humanos tuvieran un marco global que fuera irrevocable. 

La Declaración Universal de Derechos Humanos establece un conjunto de principios que están bajo la premisa fundamental de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. En este contexto, el Día Internacional de los Derechos Humanos se convierte en una ocasión para reflexionar sobre estos principios universales y renovar nuestro compromiso colectivo de respetar y proteger los derechos inherentes a la humanidad.

La Declaración Universal de Derechos Humanos se forjó en el fragor de un mundo que buscaba reconstruirse moral y éticamente después de los estragos de la guerra. Representó un compromiso colectivo de las naciones del mundo para establecer un estándar ético común que trascendiera las diferencias culturales y políticas. En esencia, fue una respuesta a las violaciones masivas de los derechos humanos presenciadas durante la guerra y una declaración audaz de que la humanidad debía afirmar los principios fundamentales que garantizan los derechos humanos de cada individuo.

Por lo tanto, la conmemoración de este día también es un llamado urgente a la acción. Cada 10 de diciembre, el mundo entero se une para destacar la necesidad inquebrantable de garantizar la dignidad humana a través de la promoción y protección de los derechos humanos. Es un recordatorio de que la paz y la justicia no son aspiraciones distantes, sino metas tangibles que deben perseguirse con determinación y colectivamente.

En la esencia misma de los derechos humanos, encontramos la promesa de que ninguna persona será sometida a tratos inhumanos o degradantes, que todos tienen derecho a la educación, la salud y la participación plena en la sociedad. Los derechos humanos, por lo tanto, se convierten en los cimientos sobre los cuales se construye una sociedad justa y equitativa, donde la dignidad humana no es un privilegio, sino un derecho fundamental.

En este sentido, el Día Internacional de los Derechos Humanos nos insta a rechazar cualquier forma de discriminación y a abrazar la riqueza que surge de la convivencia armoniosa de distintas perspectivas.

Por último, en un mundo interconectado, donde la información fluye rápidamente y las distancias se acortan, el Día Internacional de los Derechos Humanos adquiere una relevancia aún mayor. La interdependencia de las naciones exige una cooperación internacional vigorosa para abordar los desafíos que amenazan la dignidad humana, desde la pobreza extrema hasta el cambio climático. Este día nos llama a la solidaridad global, recordándonos que la defensa de los derechos humanos es un esfuerzo colectivo que trasciende las fronteras geográficas y culturales.