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Desde el año 2016, Venezuela se enfrenta a una Emergencia Humanitaria Compleja que ha afectado a millones de personas. Una de las manifestaciones de este contexto es la crisis alimentaria que aún aqueja a los venezolanos, pero que afecta de forma diferenciada a grupos vulnerables, entre estos, a niños y niñas

Jennifer C. Jardim Gouveia

Gloria Perdomo, coordinadora nacional del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), explicó que la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC)  “no solo genera dificultad para conseguir alimentos, también produce pobreza extrema, daños y afectaciones en lo que son las condiciones más básicas para garantizar la vida y la posibilidad de desarrollo. Por eso hemos visto vulnerabilidad de la población infantil que sufre de desnutrición y que, al ir a un centro de salud, se consigue que no están dotados con insumos para dar atención oportuna”.

El panorama es desalentador. Así lo confirmó el pediatra Huniades Urbina-Medina, secretario general de la Academia Nacional de Medicina (ANM), quien alertó que la desnutrición infantil en Venezuela habría aumentado de 20% en 2021 a 33% en lo que va de 2022. Según parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el registro del 10% de la población infantil con desnutrición ya calificaría como una situación de alarma.

El informe más reciente de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señaló que al menos 3.200 niños y niñas menores de 5 años fueron diagnosticados con desnutrición aguda y deficiencia de micronutrientes en Venezuela durante los primeros cuatro meses del año.

Organizaciones civiles en Venezuela han manifestado que un tercio de los niños y niñas venezolanos sufre alguna forma de retardo del crecimiento. Estos datos concuerdan, además, con el “Monitoreo Centinela de la Desnutrición Infantil 2021” de Cáritas de Venezuela que alerta sobre los altos niveles de desnutrición aguda y de retraso del crecimiento en el país, con énfasis en menores de 6 meses.

Lactantes en las regiones

En Anzoátegui, un bebé de 1 año, que pesaba solo 4,5 kilogramos, pese a los intentos infructuosos de su abuela de ayudarle a restablecerse, falleció. En el Hospital Universitario Dr. Luis Razetti, donde fue recibido, personal de salud manifestó que no era la primera vez que atendía al menor; ya había sido hospitalizado al menos 5 veces por desnutrición.

Uno de los estados más afectados por la desnutrición infantil es Monagas. En el principal centro de la entidad, el Hospital Universitario Núñez Tovar. Para marzo de 2022 ya se registraban 10 decesos de niños por desnutrición y solo en febrero habrían ingresado 5 casos de los cuales 3 ya habían fallecido. En este centro también son recibidos casos de estados como Delta Amacuro, que se caracteriza por presentar un tipo de desnutrición en específico Kwashiorkor, que se diagnóstica por la falta grave de proteína en su dieta.

Actualmente, en el Hospital Manuel Núñez Tovar, estado Monagas, hay 6 bebés hospitalizados con cuadros de desnutrición. Son lactantes que tienen entre 6 y 10 meses de nacidos, uno de ellos lleva 14 días internado y pertenece a la etnia Warao. 

Comunidades indígenas: desnutrición en Waraos

Las comunidades indígenas se encuentran en un estado de emergencia ante los altos índices de desnutrición. La etnia Warao registra varias muertes infantiles por desnutrición y han solicitado en reiteradas oportunidades que especialistas evalúen de manera urgente a los niños y niñas de su comunidad. 

En Cambalache, estado Bolívar, un vertedero clausurado es el asentamiento de un grupo de Waraos que se movilizaron en busca de alimentos. En este sitio conviven al menos 491 infantes y ya hay denuncias de bebés de 1 año que presentan cuadros severos de desnutrición, fiebre, diarrea y manchas en la piel que no desaparecen.

La organización Kapé Kapé señaló en julio de 2021 que en 56% de los hogares indígenas de toda Venezuela existía inseguridad alimentaria severa, mientras que en 37% se diagnosticó inseguridad alimentaria moderada.

Gestación y lactancia con desnutrición 

Una alimentación saludable y equilibrada durante el embarazo garantizará que el feto se desarrolle correctamente. Hay madres venezolanas que durante los nueve meses de gestación que apenas pueden comer una o dos veces al día y, en ocasiones, ninguna. Lo cual no solo pone en peligro la vida de la madre durante el parto, sino que genera complicaciones de salud inmediatas y a largo plazo para los recién nacidos, que van más allá de un diagnóstico de bajo peso al nacer. 

Venezuela ocupa el tercer lugar con mayor tasa de embarazos en adolescentes de América Latina y Maritza Landaeta, coordinadora de investigación y docencia de la Fundación Bengoa, advertía que al menos 20% de los embarazos corresponden a adolescentes con déficit nutricional.

Según el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, cuando existe un riesgo de desnutrición infantil, resulta prioritario favorecer la lactancia materna y mejorar la nutrición de las madres. En este sentido, Angely Sulbarán, nutricionista pediátrica, señaló que entre los cero y los dos años de edad es indispensable una buena alimentación para el desarrollo integral de la persona, de allí la relevancia de la lactancia materna y su posterior alimentación complementaria: el buen estado nutricional de la madre repercute en el del bebé. 

Fallas en los servicios públicos: un problema transversal

El colapso de los servicios públicos profundiza los graves efectos de la crisis alimentaria y la EHC que enfrenta el país.

Según el informe de la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH) y Provea “Con la Comida no se Juega: Graves Violaciones al Derecho Humano a la Alimentación en Venezuela” la capacidad de tratamiento y distribución del agua potable es hoy solo 40% de la capacidad que tenía el país en 1998. Se estima que el acceso inadecuado al agua, la higiene y el saneamiento básicos representa alrededor del 50% de la desnutrición mundial.

La calidad y saneamiento del agua es un factor determinante en la lucha contra la desnutrición infantil. Consumir agua en mal estado o contaminada puede no solo generar desnutrición sino hacer que los cuadros de desnutrición empeoren. Tal como afirma Manuel Fontaine, director de Programas de Emergencia de UNICEF “por mucho que un niño malnutrido coma, no se pondrá bien si el agua que bebe es insalubre”. 

Otros elementos que forman parte de las herramientas para enfrentar la crisis alimentaria: la electricidad y el gas doméstico. Los cortes eléctricos que afectan la capacidad de las familias venezolanas de conservar los alimentos y la escasez de gas doméstico que dificulta su cocción, para cocinarlos, han promovido el uso de medidas alternas poco saludables. 

En Táchira, una madre denunciaba que la alimentación de sus hijos se basaba únicamente en pan, debido a la falla en estos servicios: “Es inhumano lo que vivimos. Nos toca comprar pan y comer todo el día pan. A veces compramos queso para complementar y resulta que está baboso o huele un poco ácido, eso pasa porque los comerciantes también sufren y sus productos se dañan con tantas horas sin electricidad”.

Además, la escasez de gasolina que enfrentan en mayor medida las regiones dificulta no solo el traslado de alimentos a distintos puntos del país, sino la atención oportuna de los infantes con problemas de nutrición. A inicios del año en Guanarito, capital del municipio del mismo nombre en Portuguesa, dos gemelas de 4 meses presentaban un cuadro de desnutrición severa. Una de las niñas falleció tras una espera infructuosa por combustible para poner en marcha una ambulancia que pretendía trasladarlas al Hospital Universitario de Guanare, a unos 80 kilómetros de esa localidad.

La falta de información oficial sobre salud y nutrición de este grupo vulnerable no oculta las señales claras de que la EHC repercute en el acceso de niños y niñas a alimentos y medicinas. De acuerdo con sus obligaciones constitucionales e internacionales en materia de Derechos Humanos, el Estado venezolano debe garantizar el acceso a una alimentación adecuada, un entorno seguro y servicios esenciales de salud para niños y/o niñas, incluida la atención anterior y posterior al parto de la madre para su correcto desarrollo físico y mental.