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Para dormir hay que desconectarse. Para amar hay que crear las condiciones. Para respirar bien no basta con estar vivo, sino decidir sentirse mejor

Y si hoy sentimos que no podemos más, si hoy nos parece que el aire se hace escaso, y si hoy se nos amontonan las lágrimas por los que se fueron, basta escuchar al psicólogo Pablo Canelones para volver a vivir. Canelones no solo es uno de los pioneros de la psiconeuroinmunología en Venezuela, sino un gran compañero para escuchar y para hablar.

Como psicoterapeuta, no tiene exactamente un recetario, pero sí algunas recomendaciones para que la crisis venezolana sea más llevadera que se pueden sintetizar en tres acciones: respirar, dormir, amar.

La primera, que es respirar, consiste en una respiración lenta y profunda para que el cuerpo entienda que la respuesta fisiológica debe ser distinta de la alarma. “Eso hay que hacerlo para poder cambiar las situaciones”, explica Canelones en conversación telefónica con Contrapunto.

—¿Por qué la respiración es tan importante?

—Porque la respiración tiene que ver con la oxigenación del cerebro. Cuando oxigenamos podemos disminuir la activación del estrés. Vamos a poder pensar con más facilidad, tener memoria, más posibilidad de un juicio y una respuesta adecuados. Además, al respirar desactivamos el aumento de la frecuencia cardiaca.

Si no respiramos, nos morimos. Pero el psicólogo se refiere a la respiración consciente, no a la que marca la diferencia entre vivir y morir. «Durante el día hay que hacer pequeños cortes, beber agua, relajarnos en una silla tres o cuatro minutos y hacer respiraciones lentas y profundas. Respirar lento y profundo es un salvavidas para los venezolanos» porque así «vamos a ganar sosiego y desactivación fisiológica». Es, claramente, desenchufarnos del estrés.

El consejo vale, también, para momentos de ira, que tan a flor de piel parecen estar en la Venezuela de hoy. «Si estamos ante algo que nos saca de nuestras casillas, hay que hacer respiraciones; hacemos un corte, para bajar esa reacción emocional hasta que podamos organizar una respuesta».

Desconectarse

Si te despiertas a las 2:00 am a pensar en el precio de los huevos o en el costo del antihipertensivo, ten la seguridad de que no eres el único, pero también de que con ese tren de angustias florecerán las enfermedades. «El sueño se afecta con el estrés», recuerda Canelones. Para recuperar el descanso reparador, para no quedarse con los ojos abiertos como una lámpara encendida, hay que tomar medidas. La principal: desconectarse.

“Igual que apagamos las luces de la casa, hay que apagar las luces de la conciencia. No podemos ir activados a dormir; hay que desactivar todo. Una hora antes de dormir debemos empezar a desconectarnos”, detalla.

Para lograr esa desconexión «lo mejor es hacer una actividad placentera, ver algún programa de televisión, escuchar música, conversar sobre temas de poca carga». Ya al momento de irse a la cama «cada quien tiene un ritual, que puede ser llevar un vaso de agua a la mesa de noche» u otro gesto que ayuda a relajarse y a entrar en la sintonía del descando, y una vez acostados «lo ideal sería respirar y relajarse, relajar todo el cuerpo, y luego adoptar la postura con la que se concilia el sueño para que sea un sueño reparador».

Hay un invitado que no debe tener visa para estar en el cuarto, y ese es el televisor. «En la cama cero noticias, cero televisión, cero revisión de trabajo. La cama es para dormir y para relaciones sexuales», enfatiza.

Tiempo para el amor

El estrés apaga la vida sexual, la reduce a cenizas, y es natural porque un organismo preparado para atacar o para huir (respuestas ante situaciones estresantes) no está diseñado para, al mismo tiempo, un goce. «Con el estrés se inhibe el apetito sexual, porque lo que está previsto, fisiológicamente, es que la persona tenga una conducta de lucha o de huida», explica el psicólogo. Resulta paradójico, porque si hay algo claro para quienes trabajan con la salud es que el sexo reduce el estrés; o lo que es lo mismo, que el sexo es una excelente decisión.

Para romper el círculo vicioso, lo mejor es respirar, relajarse y propiciar un ambiente para el amor. «Es muy recomendable, es deseable», no solo por el efecto beneficio de una vida sexual activa, sino porque el cuerpo recibe el mensaje de que no hay razones para alarmarse, lo que contribuye con la desactivación de la respuesta fisiológica ante estímulos estresantes.

A veces, cuando nos dicen que nos cambiemos los lentes, nos irritamos, o pensamos «se dice fácil». Para Pablo Canelones ese «cambiarse los lentes» es retar las condiciones adversas; es decir, pasar de una postura de víctima a una postura de combatiente. Y tomar el control de la existencia, porque nadie, ni el político más serio o el más deleznable, merecen que le regalemos nuestra salud.

Nota: Entre muchas cosas, Pablo Canelones es investigador y cofundador del Laboratorio de Psiconeuroinmunología del Instituto de Biomedicina de la Facultad de Medicina de la UCV, además de profesor asistente de la Cátedra de Inmunología en la Escuela de Medicina Vargas. Estos son sus puntos de contacto: correo electrónico: pablo.canelones@gmail.com. Twitter: @Pablocanelones. Teléfono celular 0416 623 54 34. Teléfono de consultorio 0212-7610512

Fuente: Vanessa Davies / Contrapunto