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Franchesca Falcón pasó a formar parte de una estadística el 8 de febrero de 2018 a las 11:17 de la noche. A esa hora respiró por última vez, luego de que uno de sus pulmones se reventara. Pasó seis de sus siete días de vida internada en la Terapia Intensiva Neonatal de la Maternidad Santa Ana, ubicada en Caracas. Ahora Franchesca engrosa uno de los indicadores que el Ministerio de Salud mantiene oculta desde enero de 2017.

Si el Estado divulgara los boletines epidemiológicos, el deceso de Franchesca hubiera salido reflejado en la semana epidemiológica número seis, en el renglón de Distrito Capital, y se especificaría que falleció por neumonía y sepsis neonatal, tal como lo indica su acta de defunción. Dos de las causas de muerte infantil más frecuentes en el país.

Saber que Franchesca y decenas de otros niños murieron en la Maternidad Santa Ana de Caracas durante febrero de 2018 permitiría a los hacedores de políticas públicas implementar las medidas sugeridas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible número tres, que contempla la reducción de la mortalidad infantil.

Entre sus estrategias principales, la agencia internacional sugiere la implementación de programas amplios de inmunización y la atención integrada a las enfermedades infantiles. Pero nadie sabe que Franchesca murió. Cuántos niños menores de un año han fallecido desde el 1 de enero de 2017 continúa siendo un secreto de Estado.

El secreto mejor guardado

La última vez que el Estado divulgó esa cifra fue la primera semana de mayo de 2017, cuando el Ministerio de Salud publicó en su página web el boletín correspondiente a la semana del 25 al 31 de diciembre de 2016. Allí no solo se incluía la información correspondiente a la semana epidemiológica número 52, sino también el acumulado del año.

La divulgación fue accidental y trajo consigo la destitución de Antonieta Caporale, quien estaba a la cabeza del ministerio para la fecha. Ese boletín encendió las alarmas y reveló un retroceso de más de una década en mortalidad infantil: en 2016 murieron 11.466 niños, 30% más que en 2015.

Las estadísticas también revelaron que uno de cada tres niños murió antes de cumplir el primer año de vida y que la tasa de mujeres que murieron durante el embarazo tuvo un incremento de 64%.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) manifestó su “profunda preocupación” de inmediato y dijo que las cifras reveladas por el despacho de salud eran “una clara evidencia del impacto de la prolongada crisis en las mujeres y los niños del país”.

En 2018 los datos continuaron ausentes, mientras que la mortalidad siguió en aumento. Child Mortality Estimates (CME), una iniciativa de las Naciones Unidas que hace estimaciones de mortalidad infantil para cada país, calcula que para 2017 este indicador se ubicó en 25,7 niños de un año muertos por cada 100 mil nacidos vivos, casi el doble de hace una década (14,6). Esta estimación regresa al país a las estadísticas que tenía en 1989, año en el que la mortalidad materna alcanzó la misma tasa.

La data fue revelada en una investigación conjunta en la que participaron Unicef, la OMS, la División de Población de las Naciones Unidas y el Banco Mundial en septiembre de 2018. El estudio también estima que la tasa de mortalidad neonatal para el año pasado fue de 19,8 neonatos muertos por cada 100 mil nacidos vivos (más del doble que la registrada en 2008) y que la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años se ubicó en 30,9, la más alta en los últimos 29 años.

La punta del iceberg

No solo el incremento de los decesos de niños menores de un año sacudió al sector salud. También el aumento de casos de muertes maternas, otro indicador clave que se disparó con la agudización de la crisis sanitaria y otro de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidasque los países se comprometieron a mejorar para 2030 en el que Venezuela, en lugar de avanzar, ha retrocedido.

El último boletín epidemiológico divulgado por el Gobierno refleja que la mortalidad materna pasó de 456 en el año 2015 a 756 para 2016, un incremento de más de 65% en tan solo 12 meses. Para el médico especializado en políticas públicas, Marino González, Venezuela ha retrocedido en este indicador medio siglo.

Las dos estadísticas son clave en el desarrollo de políticas públicas en materia sanitaria y son el reflejo del colapso del sistema de salud venezolano. Para el médico infectólogo e integrante de la Sociedad Venezolana de Salud Pública, Julio Castro, estos dos indicadores son apenas la punta del iceberg de la crisis, un iceberg profundo que dice mucho sobre lo que pasa en Venezuela.

“Más que su desaparición, es una vergüenza que estos indicadores estén en estos números. En cualquier país de América Latina un aumento de la mortalidad materna de un año a otro es una importante alarma para los hacedores de políticas públicas de salud. Es como si estuvieras manejando un carro y se te prende una luz roja en el tablero. Lo correcto es detenerse para revisar qué pasa, pero eso no es lo que está haciendo el gobierno. La mortalidad materna es ese bombillo que sigue prendiéndose y que nos trata de alertar sobre algo”, afirma Castro.

Las razones detrás de estas cifras en rojo son, para el médico infectólogo, la ausencia de políticas públicas coherentes y la desestructuración del sistema de salud. Prueba de ello, dice, es el promedio de duración de los ministros de salud en el cargo, que en la mayoría de los casos las gestiones duran un año. Esto imposibilita la continuidad de proyectos, políticas y campañas a largo plazo debido a la falta de continuidad.

“Nuestra tasa de mortalidad materna ha retrocedido a los números que teníamos en 1965. Llevar a esa tasa a lo que llegó tardó 70 años y nosotros en cuatro años la echamos 50 años para atrás. Esa es la magnitud de lo mal que estamos”, lamenta Castro.

Las cifras de mortalidad materna y mortalidad infantil correspondientes a 2017 y a 2018 siguen guardadas bajo siete llaves en el Ministerio de Salud.

“Más que su desaparición, es una vergüenza que estos indicadores estén en estos números. En cualquier país de América Latina un aumento de la mortalidad materna de un año a otro es una importante alarma para los hacedores de políticas públicas de salud. Es como si estuvieras manejando un carro y se te prende una luz roja en el tablero. Lo correcto es detenerse para revisar qué pasa, pero eso no es lo que está haciendo el gobierno. La mortalidad materna es ese bombillo que sigue prendiéndose y que nos trata de alertar sobre algo”, afirma Castro.

Las razones detrás de estas cifras en rojo son, para el médico infectólogo, la ausencia de políticas públicas coherentes y la desestructuración del sistema de salud. Prueba de ello, dice, es el promedio de duración de los ministros de salud en el cargo, que en la mayoría de los casos las gestiones duran un año. Esto imposibilita la continuidad de proyectos, políticas y campañas a largo plazo debido a la falta de continuidad.

“Nuestra tasa de mortalidad materna ha retrocedido a los números que teníamos en 1965. Llevar a esa tasa a lo que llegó tardó 70 años y nosotros en cuatro años la echamos 50 años para atrás. Esa es la magnitud de lo mal que estamos”, lamenta Castro.

Las cifras de mortalidad materna y mortalidad infantil correspondientes a 2017 y a 2018 siguen guardadas bajo siete llaves en el Ministerio de Salud.

Fuente: Efecto Cocuyo