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La historia que sigue pertenece al volumen “Reto Solidaridad. Historias de aliento para un país en pedazos”, compilado por Carlos Guillermo Arocha, Carmen Beatriz Fernández y Andreína Muñoz-Tébar, que será presentado mañana, 22 de marzo, en la Librería El Buscón. Es iniciativa de la organización Reto Solidaridad (Caracas, 2018)

En cualquier grupo Whatsapp de venezolanos hay al menos una persona que emigró y se mantiene conectada con la realidad de su país mediante el chat. Más allá de las redes sociales, estas micro redes de amigos o familiares se transforman en el periódico sin censura, en el relato confiable de los que palpan y ven a quienes viven a distancia una crisis angustiante dentro de Venezuela.

Si en el Twitter sectores del gobierno señalan que una imagen es manipulada, en estos grupos resulta imposible ocultar la verdad, porque “es mi propia hermana la que grabó a estos niños hurgando en la basura de su edificio”, o “fue mi amiga de la infancia la que me mandó el video, grabado por ella, de una señora llorándole al farmaceuta porque tampoco tienen el anticonvulsivo para su hijo en esa farmacia”.

En uno de estos chats de amigos se venían compartiendo relatos de la crisis de aquí para allá. Ese grupo de venezolanos comenzaron a sentir a la distancia el corazón arrugadito de lo que se vivía en su país.

Si bien ellos que emigraron despertaban ahora en una realidad distinta, sin escasez o inseguridad, se enteraban de la crudísima crisis que sufrían, en mayor o menor grado, en piel propia o ajena, quienes tecleaban en el chat estando en Venezuela. Cada día una historia, mucha pena y mucha rabia.

Resultan lógicos los comentarios escritos desde el extranjero, tales como:

“Vayan buscando un plan B”. “Cuídense mucho, ¡Dios! En qué se ha transformado nuestro país”. “Cualquier cosa que necesiten avisen”.

Nunca reflejan comodidad. Siempre transmiten solidaridad y preocupación. Pero cada historia de vida es una posibilidad de elección y, ¿qué decir de los protagonistas de esas historias de hambre, enfermedad y desnutrición? ¿Quién les ayuda?

Es así como nace entre un grupo de amigos, unos allá otros acá, la idea de armar una fundación para acercar comida caliente, nutritiva y saludable, a comunidades de venezolanos padeciendo hambre: Meals4Hope.

No se necesitaba mucho debate para definir prioridades. Querían principalmente ayudar a los niños que se desmayaban en clase o dejan de ir a la escuela porque están demasiado débiles al no tener que comer; a los que abandonan sus estudios para tratar de ganar dinero y ayudar a sus familias; a las madres dando teteros de agua con arroz o yuca a sus bebés, tratando de engañar al hambre porque no encuentran leche para darles.

Los niños eran la prioridad, pero indirectamente los padres que lloran por las noches porque no pudieron darle de comer a sus hijos.

Todo inició corriendo la voz sobre lo que se quería hacer. Quienes pudieron ayudar, dentro y fuera de Venezuela, lo hicieron. Contactaron gente en el país de entera confianza que estuviera ligada y comprometida con el trabajo en los barrios. Fueron identificando comunidades necesitadas de una ayuda urgente a mitigar el hambre y desnutrición de niños. Todo lo anterior con participación de la comunidad, diseñado a partir del trabajo voluntario. Se trazaron metas.

Las metas en tiempos de crisis deben convertirse en ayudar más. La meta en tiempos de crisis es reinventarse en más organización y trabajo. Y eso es lo que hizo Meals4Hope.

Una de tantas historias compartidas es la de “Mamá Josefina”. En un barrio de Ciudad Guayana ella vivía con doce niños, nueve de los cuales presentaban bajo peso. Gracias a este proyecto sus niños ahora disfrutan de una comida completa y balanceada cada día, y Josefina es pilar en logística dentro de su comunidad; es ahora parte del equipo de madres voluntarias y colabora dos días por semana con las tareas del comedor. El plato de esperanza lleva proteínas y vegetales, lleva acompañamiento, lleva esperanza apenas a 40 niños por comunidad. Son muchos más los que restan por alimentar en esa comunidad. Pero Meals4Hope sigue trabajando para acercar ayuda a tantas otras que la requieren.

Nuria, voluntaria de Meals4Hope, habla de la alegría y la transformación de Josefina. “Fue muy emocionante el llegar y verla allí trabajando en el comedor con las otras mujeres. ¡Tendrían que verla! Se acomodó para compartir con todos su testimonio de esperanza, esa que hasta la invitó a ponerse sombra rosada en los ojos para verse más hermosa. La sonrisa no se le quita de su cara. ¡Está feliz!”. Sus hijos hoy están alimentados, creciendo, aprendiendo. Y ella, gracias a la ayuda que llega de una noble diáspora organizada en Meals4Hope y a sus propias manos, replica esta ayuda en muchos otros niños.

El barrio Brisas del Sur en el estado Bolívar y el barrio La Esperanza en el estado Anzoátegui reciben ayuda continua y sin falta de estos venezolanos en el extranjero agrupados en la organización Meals4Hope. Pero a diario reciben correos electrónicos, llamadas y mensajes de otros municipios y barriadas requiriendo ayuda urgente. Por todos ellos siguen activados, siguen empeñados en vender el valor más hermoso de la sociedad: la solidaridad.

#ElDatoSolidario

Meals4Hope promueve y apoya además proyectos que ayuden a las comunidades a alimentar a sus hijos en algunas de las áreas más pobres de Venezuela, más allá de la ayuda recibida en insumos. El programa de cultivo de vegetales en las propias comunidades muy pobres que ayudan, sesiones educativas para formar cada vez más a las madres que cooperan en la preparación de comidas así como el seguimiento nutricional correcto del crecimiento de la población infantil a la cual ayudan, entre otros.

Se valen de voluntarios locales para asegurar la efectividad de las donaciones y los ajustes necesarios para lograr acercar los requerimientos necesarios.

Llegó el momento de activar y reproducir iniciativas como esta con la ayuda de la diáspora venezolana y el voluntariado local, ávido de tender una mano amiga para transformar la esperanza en una mejor vida.

Fuente: El Nacional