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Raiza Farnataro vive en Barquisimeto, una bulliciosa ciudad de la República Bolivariana de Venezuela, que se encuentra a cinco horas de Caracas.  Hace 18 años que tiene VIH. El sistema de salud pública solía proporcionarle tratamiento, sin embargo, con el empeoramiento de la situación económica del país, los medicamentos empezaron a escasear y Raiza temía por su vida.  Tras pasar dos años sin recibir tratamiento, se fue hasta la frontera colombiana, donde podía bien comprar los medicamentos por un excesivo precio en las farmacias o conseguirlos gracias a las donaciones de organizaciones no gubernamentales.

Según la Red Venezolana de Gente Positiva, Raiza solo es una entre los aproximadamente 62 000 ciudadanos que tienen VIH, pero no reciben los medicamentos antirretrovíricos regularmente. Las consecuencias han sido graves. La tasa de personas con VIH hospitalizadas se ha disparado y se calcula que cada día mueren de 20 a 30 personas por causas relacionadas con el sida. En septiembre de 2018, alrededor de 7700 venezolanos con VIH ya se habían sumado a la corriente migratoria con destino a los países vecinos.

«La actual crisis humanitaria está causando un alarmante retroceso en la respuesta nacional al sida. Se puede decir que es igual, o incluso peor, que durante los comienzos de la epidemia de VIH en la década de 1980», afirma Alberto Nieves, activista de Acción Ciudadana Contra el sida (ACCSI) «Las mayores consecuencias de esta crisis para los ciudadanos con VIH son la muerte, el deterioro progresivo de la salud, el hambre, la privación de atención sanitaria y tratamiento contra el VIH, la discriminación, emigración masiva y xenofobia».

En 2017, una investigación de ONUSIDA por encargo de ACCSI expuso por primera vez la escasez de medicamentos antirretrovíricos entre otros, y agentes anticuerpos del VIH

La prevención contra el VIH también ha sufrido daños. A los expertos les preocupa que el tratamiento irregular pueda generar resistencia a los medicamentos tanto en la República Bolivariana de Venezuela como en los países vecinos. Solo a una cuarta parte de las embarazadas se les hacen análisis de VIH y sífilis. Muchas madres con VIH deciden amamantar ellas mismas a sus hijos por la falta de alimentos.

En los dos últimos años, ONUSIDA ha colaborado con el Ministerio del Poder Popular para la Salud, con los ciudadanos, con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y otras entidades de las Naciones Unidas para mejorar el acceso a los tratamientos para adultos y niños con VIH que residen dentro o fuera del país. ONUSIDA se unió para combatir el VIH con los ciudadanos y con la OPS. El Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria les concedió 5 millones de dólares estadounidenses como parte de un programa que tiene como objetivo para organizar la ayuda en la lucha nacional contra el VIH, la tuberculosis y la malaria.

ONUSIDA, en colaboración con Aid for Aids International, recibió más de 60 toneladas de medicamentos antirretrovíricos que los centros de distribución del Estado repartieron a la población. ONUSIDA también ha organizado la donación y distribución de pruebas de diagnósticos y sucedáneos de la leche materna.

«Gracias al apoyo de ONUSIDA, la Red Venezolana de Gente Positiva y otros socios estratégicos hemos conseguido asegurar que en 2018 han recibido y distribuido el tratamiento en el país». «Nuestra labor ha contribuido a reducir las repercusiones de la crisis y le ha garantizado el tratamiento a un importante número de personas con VIH», explicó el director ejecutivo de Aid for AIDS, Jesús Aguais. «De lo contrario, la tragedia podría haber sido mayor», añadió.

La actuación conjunta ha salvado vidas. En los últimos seis meses, Raiza Farnataro ha recibido los medicamentos antirretrovíricos por medio del sistema de salud pública gracias a la donación de Aid for AIDS International.

Como miembro de la Plataforma Regional de Coordinación Interagencial de Refugiados y Migrantes de Venezuela, ONUSIDA también aboga por los derechos y las necesidades de tratamiento de los emigrantes con VIH.  Entre sus prioridades están crear un observatorio de los ciudadanos para controlar el acceso a la servicios sanitarios y casos de discriminación; la distribución de materiales para la prevención, el tratamiento y la atención del VIH, y la defensa para combatir la discriminación y la xenofobia.

A pesar de todo esto, ONUSIDA insiste en la necesidad de seguir reforzando la respuesta nacional al VIH.  «Necesitamos cooperación continua con colaboradores nacionales e internacionales para asegurar el bienestar de los venezolanos y garantizar la salud y calidad de vida de todas las personas con VIH de la República Bolivariana de Venezuela», dijo la directora nacional de ONUSIDA, Regina López de Khalek. «Trabajamos para no marginar a los ciudadanos en la lucha global contra el sida».

Fuente: ONUSIDA