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La Agenda 2030 contempla 17 objetivos mundiales en busca de un desarrollo más sostenible para las generaciones presentes y futuras. Hambre cero, fin de la pobreza y educación de calidad son algunos de ellos. En el 2012 las calificaciones fueron buenas, hoy es incertidumbre.

Por el camino que va, Venezuela no cumplirá con los compromisos de la Agenda 2030, que tiene como antecedente la Agenda del Milenio. La Agenda 2010 es un plan global, creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para llevar a las naciones participantes -entre ellas Venezuela- a un desarrollo más sostenible para las generaciones presentes y futuras.

Según la ONU, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también conocidos como Objetivos Mundiales, son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad.

Venezuela es uno de los 193 países incluidos en el proyecto. Todos tienen la responsabilidad de adecuar sus políticas públicas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro de sus posibilidades. Cada país debe trabajar desde su realidad económica, política y social. A diferencia de la Agenda del Milenio, la Agenda 2030 promueve tanto el trabajo de los países desarrollados como el de aquellos en vías de desarrollo.

Además, según recomendaciones de la ONU, se debe unir esfuerzos de los gobiernos colaboradores, las industrias, las empresas y la sociedad civil. Todos deben participar en el cumplimiento de los objetivos y de las metas para lograr la transformación sustentable para el 2030 y la estabilidad económica, social y ambiental.

¿Cuadra el gobierno de Nicolás Maduro en esta lista de buenos deseos basada en la recopilación de opiniones de millones de personas en todos los países y de todo tipo de empresas e industrias?

17 objetivos para una Venezuela en crisis

La Agenda 2030 propone alcanzar 17 objetivos principales que abarcan las problemáticas mundiales más relevantes. Entre ellos tenemos:

Fin de la pobreza, “para ello sería necesario centrarse en los más vulnerables, aumentar el acceso a los recursos y servicios básicos y apoyar a las comunidades afectadas por conflictos y desastres relacionados con el clima”.

Hambre cero, “terminar con todas las formas de hambre y desnutrición y velar por el acceso de todas las personas, en especial los niños, a una alimentación suficiente y nutritiva durante todo el año”.

Salud y bienestar, busca “la cobertura universal de salud, basada en los principios de equidad, acceso y calidad, terminar con la pobreza y reducir las desigualdades”.

Educación de calidad, pretende “asegurar que todas las niñas y niños completen su educación primaria y secundaria gratuita para 2030”.

Igualdad de género, propone “garantizar el fin de la discriminación de niñas y mujeres en todo el mundo y también el acceso universal a salud reproductiva y sexual y otorgar a la mujer derechos igualitarios en el acceso a recursos económicos…”

Agua limpia y saneamiento, “es necesario realizar inversiones adecuadas en infraestructura, proporcionar instalaciones sanitarias y fomentar prácticas de higiene en todos los niveles así como también es fundamental proteger y recuperar los ecosistemas relacionados con este recurso”.

Energía asequible y no contaminante, para ello se debe “invertir en fuentes de energía limpia, como la solar, eólica y termal y expandir la infraestructura y mejorar la tecnología para contar con energía limpia en todos los países en desarrollo”.

Trabajo decente y crecimiento económico, consiste en “estimular el crecimiento económico sostenible mediante el aumento de los niveles de productividad y la innovación tecnológica al igual que fomentar políticas que estimulen el espíritu empresarial y la creación de empleo”.

Caldera y la Agenda Venezuela

A Rafael Caldera, en su segundo gobierno (1994 – 1999), le tocó asumir el reto de la Agenda del Milenio en medio de una inflación cercana a 45%. Por ello, en 1996 fue aprobada la llamada Agenda Venezuela, basada en una serie de recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para mejorar la situación económica. El organismo multilateral condicionó la aplicación de dichas medidas para el otorgamiento de préstamos al país.

La Agenda Venezuela ajustó los salarios y estimuló la inversión nacional e internacional. Además, creó el Programa de Capacitación y Empleo Joven, cuya finalidad era preparar a venezolanos jóvenes que no hubiesen culminado sus estudios. Más de 100.000 personas de escasos recursos fueron insertados al ámbito laboral gracias a este programa.

Creó el Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL) que buscaba asegurar alimentos básicos a un precio menor a las personas de escasos recursos y así cubrir sus necesidades básicas y la ingesta calórica diaria. Este programa puede considerarse pionero en lo que respecta al segundo objetivo de la Agenda 2030, hambre cero.

Creó el Programa de Suministro de Medicamentos (SUMED) para garantizar medicinas con 80% de descuento a las familias de poca capacidad adquisitiva. Aproximadamente 3.000.000 de venezolanos recibieron un servicio médico adecuado gracias a SUMED.

Este programa, al enfocarse en el bienestar y la salud de los ciudadanos que se encontraban en condiciones de pobreza, implica un progreso en el tercer ODS, Salud y Bienestar.

Aunque no fue un gobierno con muchos adelantos en las tres dimensiones de desarrollo sostenible, durante el segundo mandato de Rafael Caldera se lograron avances notables, especialmente en el ámbito social y un poco en el económico.

Hugo Chávez en la cresta de la ola

En 1998, cuando Hugo Chávez fue electo, el precio del petróleo venezolano estaba en 11 dólares por barril. La situación comenzó a cambiar cuando asume el poder en 1999, y los precios empezaron a aumentar a tasas muy altas, que no eran las acostumbradas en los años anteriores”, explicó Carlos Miguel Álvarez, economista de la consultora Ecoanalítica, en conversación con BBC Mundo.

“Entre 1999 y 2014, Venezuela recibió US$ 960.589 millones. Un promedio de US$ 56.500 millones anuales durante 17 años”, asegura Álvarez.

Ese caudal de dinero permitió a Hugo Chávez -y a Nicolás Maduro en su primer año de gobierno- avances significativos en algunos aspectos referentes al desarrollo sostenible, especialmente en la dimensión social.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en el año 2012 Venezuela se posicionó en el puesto número tres de Latinoamérica con menor porcentaje de pobreza debido a los programas sociales para la alimentación que se realizaron.

En el mismo año la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) otorgó a Venezuela un reconocimiento por la reducción a la mitad del hambre y la pobreza en el país.

Además, las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) revelaron que la pobreza en el país se redujo del 55,6% al 26,5% desde el año 1997 al año 2011.

El gobierno de Chavez también logró mejoras en la educación con los programas sociales Misión Robinson, Misión Ribas y Misión Sucre. La primera abarcaba la alfabetización y la educación primaria y alcanzó a sectores generalmente excluidos como los pobres, los indígenas y los privados de libertad.

La Misión Ribas abarcaba el bachillerato y la Misión Sucre se encargaba de la educación universitaria.

Estas misiones permitían que aquellos venezolanos con escasos recursos pudieran acceder a una educación gratuita para formarse como profesionales y acceder al mundo laboral.

En el año 2005 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró a Venezuela como “territorio libre de analfabetismo” y publicó datos que posicionaron a Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez como el quinto país en el mundo y el segundo en América Latina con la mayor matrícula universitaria.

La ola arrastra a Nicolás Maduro

Los altos precios de la cesta petrolera le dieron a Chávez facilidad de maniobra y se anotó puntos en la mayoría de los objetivos señalados en la Agenda 2030. Pero hoy, en 2019, el gobierno de Nicolás Maduro es como un barco en pleno naufragio.

-La Organización de las Naciones Unidas Para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), en la voz de su director, José Graziano da Silva, indicó que en Venezuela ha habido un “aumento vertiginoso” del hambre.

Da Silva detalló que en la actualidad (28 de julio de 2019) se estima que Venezuela cuenta con 21,2 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria, a diferencia del año 2013, en donde unos 3,6 millones de venezolanos padecían de hambre.

-Según el Fondo Monetario Internacional la caída de la economía venezolana es un “caso histórico”, sin precedentes en la región “y se cuenta entre los principales colapsos quinquenales ocurridos en el planeta durante el último medio siglo no vinculado a conflicto armado o desastre natural”.

– Según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo, desde 2007 Pekín ha hecho varios préstamos a Caracas que suman US$ 65.000 millones. Parte de ese dinero ya se ha pagado con el envío de cargamentos de petróleo.

Un estudio realizado por Transparencia Venezuela revela que, aproximadamente 12 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son vulnerados en el país. Esto quiere decir que 70,6% de lo establecido en la Agenda pautada por la ONU, que Venezuela accedió a cumplir, no está siendo ejecutado.

Es urgente el cambio de rumbo

El incumplimiento, por parte de Venezuela, de los compromisos establecidos en la Agenda 2030 es parte de la crisis económica, política y social que vive el país. Maduro pudo mantenerse a flote los primeros años por un “gasto desmesurado de los recursos” según Ricardo Hausmann, director del Centro de Desarrollo Internacional y profesor de la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard.

“Esta crisis -dijo Hausmann a BBC Mundo – es producto del manejo irresponsable de la economía”. Como ejemplo del gasto excesivo, el economista señaló lo ocurrido en 2012 cuando, pese a que el precio promedio del petróleo venezolano estaba en US$ 103, el gasto público tuvo un déficit de 17% del Producto Interno Bruto. “Es decir, que Venezuela gastó como si el petróleo hubiera estado en US$ 197 el barril”, apuntó.

De manera que el incumplimiento de la Agenda 2030, por parte de Venezuela, es consecuencia de la crisis que para ser superada se requeriría:

Un cambio de gobierno hacia uno transparente y democrático que defienda los derechos y el bienestar de todos los venezolanos.

El cumplimiento de la Constitución, restablecer la autonomía de las instituciones públicas y crear organismos que se encarguen de evaluar los avances democráticos del nuevo gobierno.

Establecer definitivamente los Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro de las políticas públicas del país.

Recuperar la credibilidad internacional y mejorar las relaciones con el exterior.

Establecer la intención de lograr los ODS con la colaboración de distintas naciones que ayuden a facilitar el proceso en aquellas áreas donde haya más falencias.

Colaborar con aquellos países que trabajen para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de forma transparente e inclusiva.

Movilizar recursos financieros y dirigirlos a la consecución de la Agenda 2030.

Lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030 representa un enorme desafío, sin embargo, es una meta posible siempre y cuando se cuente con el trabajo colaborativo e innovador de todos los actores implicados. Los gobiernos, las industrias, las empresas y la sociedad civil deberán hacer una total transformación de los modelos actuales para poder lograr un cambio real y positivo en el futuro.

Para Venezuela la realidad no es distinta. En un país con tanta diversidad y con personas dispuestas a cambiar para alcanzar el desarrollo sostenible, la Agenda 2030 es un objetivo más que posible. Con el compromiso del gobierno, de las empresas y de cada ciudadano se puede posicionar a Venezuela como uno de los países más avanzados en sustentabilidad, con los índices de pobreza más bajos, una economía creciente e inclusiva y un medio natural rico y protegido.

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Fuente original: Informe 21