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Según el instituto Nacional de Estadísticas (INE), en Venezuela hay cerca de 50 pueblos indígenas, y la región amazónica, geográficamente formada por los estados de Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, está habitada por la mayor diversidad cultural. Sin embargo, en números, el grupo étnico Wayuu, en el estado Zulia, es el más grande, seguido por los Warao en el Delta, y los Yanomami en Amazonas y Bolívar.

“En condiciones naturales, cada grupo es capaz de producir, de acuerdo a sus conocimientos y creencias, los alimentos necesarios. Todo esto sucede dentro de un sistema que está íntimamente relacionado con los eventos naturales. Sin embargo, los procesos interculturales han provocado en muchos casos, la aparición de necesidades fuera de las tradiciones de estas comunidades, y a menudo, no han sido procesos verdaderamente interculturales, sino la imposición de la cultura predominante sobre los nativos”, comenta Tina Oliveira, biólogo y directora del Observatorio Socio-Ambiental Wataniba, OSAW.

Oliveira agrega que entre los numerosos ámbitos que podrían estudiarse, dos elementos clave son la salud y la alimentación, y los alimentos son un factor crucial en el desarrollo de la salud en las comunidades indígenas.

“La incorporación de azúcar y otros alimentos que son ajenos a sus hábitos, por ejemplo: soda, harina, aceite de cocina y alimentos enlatados, ha provocado un aumento de enfermedades metabólicas como hipertensión y la diabetes tipo II, y debido a la compleja situación del sistema nacional de salud, especialmente el sistema de salud indígena, es difícil encontrar estadísticas. Sin embargo, los líderes indígenas, enfermeras y médicos que trabajan en áreas predominantemente habitadas por nativos, confirman esta situación”.

La directora del OSAW, sostiene que el suministro de alimentos proporcionado por el programa del Comité Local de Abastecimiento y Producción, CLAP, empeora la situación, ya que son precisamente el tipo de productos que contiene.

“Las cajas CLAP son un elemento extraño para muchos pueblos indígenas; hay investigadores en la región amazónica que informan de botellas de aceite de cocina dispuestos como elementos decorativos porque los indígenas no han identificado cómo utilizarlos. A su vez, otros casos reflejan que hay grupos que venden la mayoría de los productos que reciben en las cajas y usan el dinero para comprar los suministros que necesitan, y mantienen su dieta tradicional”.

No obstante, la biólogo subraya que mientras el mundo occidental ha experimentado con esta dieta un largo proceso de evolución y adaptación fisiológica, hay comunidades cuyo contacto con estos rubros de restringe a 20-50 años y su sistema digestivo experimenta un choque que termina por enfermar al cuerpo en muy poco tiempo.

“A nosotros nunca nos preguntaron si queríamos esa ayuda”, asegura Gregorio Mirabal, líder indígena venezolano y director de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, COICA

Mirabal, agrega que el CLAP es una medida de control social a través de la alimentación, la cual también provoca que las comunidades indígenas abandonen sus prácticas ancestrales de agricultura, caza, pesca y recolección.

“Desde la época de Simón Bolívar, todos los gobiernos han tenido programas de asistencia alimentaria sobre los pueblos más vulnerables. A pesar de que Venezuela ha sido y es un país muy rico, los líderes políticos no han sabido distribuir efectivamente los recursos. Hoy no somos un país soberano en alimentación”.

El director de la Coica, asegura que el conuco es la base de la alimentación, la vida y la espiritualidad de los pueblos indígenas, y los alimentos y la dieta no deben ser ajenos a la cultura ancestral.

“La idea de depender de unos alimentos fuera de la dieta tradicional ha sido impuesta, así como la idea de que el indígena debe ser ‘civilizado’, son herramienta de control social que se han perfeccionado, ya que cada vez son más venezolanos los que dependen de la caja de alimentos; la calidad de estos ha caído y a su vez empeorado los resultados en quienes los consumen”.

Tina Oliveira, asegura que la sustitución de sus alimentos y tradiciones culturales los hace cada vez más dependientes de los criollos para poder comer, cuidar su salud y recibir educación.

“Aunque en el pasado pudieron sostenerse a sí mismos, ahora dependen de planes gubernamentales  u otras iniciativas nacionales e internacionales; escenarios donde enfrentan grandes desafíos para sobrevivir en una sociedad que no los reconoce como iguales y donde enfrentan claras desventajas para obtener comida y salud”.

Gregorio Mirabal, rechaza las consecuencias de esta realidad.

“Antes con casabe, pescado y mañoco, podíamos vivir 100 años; ahora con aceite, refresco, azúcar refinada y harinas, llegamos a 50 con suerte. Las políticas asistenciales de alimentación son medidas para conseguir voto y poder controlar a la población, provocan negocio ilícito de alimentos y generan vergüenza étnica en las nuevas generaciones que optan por herramientas que les conduzcan a borrar su identidad indígena y abandonar sus tradiciones”.

Fuente: Wataniba