Compartir

El éxodo masivo venezolano ha roto el tejido social en Venezuela. Familias enteras se fracturan con el despegar de un avión o el acelerón de un autobús, con la esperanza de algún día volver a reunirse todos. Caraota Investiga revela cómo el fenómeno migratorio venezolano está afectando a los niños, víctimas silentes de la crisis, quienes crecen sin su referente principal y se ven obligados a criarse con sus abuelos

Hace años dejaron atrás las labores de cuidado de un menor de edad. Con un caminar más pausado y el deseo de una vida tranquila a su edad, no se imaginaron volver a ser “el representante de” cualquier niño en Venezuela, en vista de la crisis económica, política y social que obligó a miles de familias a dejar el país en busca de un mejor futuro en otros destinos, y dejar a sus hijos bajo el cuidado de sus abuelas. Ahora no solo tienen que lidiar con sus enfermedades, asistir a citas médicas, buscar medicamentos y comida, sino que también deben adaptarse a los requerimientos de un pequeño afectado por la ausencia de sus padres.

La precaria situación económica y la inseguridad son factores que impulsan a hombres y mujeres a dejar atrás el llamado de “papá” y “mamá”, para sumarse a la diáspora venezolana.

“Estamos ante todo frente a una crisis de derechos humanos. Si los venezolanos gozaran de las garantías fundamentales a las que tienen derecho como ciudadanos de su país –salud, alimentación y libertad de expresión, entre otras– no se verían forzados a abandonar sus casas y comunidades para intentar sobrevivir en otros lugares”, indicó Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación de la Oficina Regional para las Américas de Amnistía Internacional, en una entrevista para el diario El Nacional.

Oralia Nuñez, enfermera de profesión, dedica sus días de jubilación a cuidar a sus nietas, de 2 y 4 años de edad. “Es una responsabilidad, y a mi edad mucho más pero son mis nietas y lo tengo que hacer”, dijo.

Luego de tres meses de cuidados – sin saber cuánto tiempo más será necesario – Nuñez aseguró que no es un proceso fácil, pues su rutina cambió, ahora se cohíbe y “lo piensa dos veces” antes de salir a la calle y tener que dejar a las niñas con otra persona. “No es igual a cuando crié a mis hijos, los muchachos de ahora son muy diferentes”, recordó.

A pesar de estar criando nuevamente, esta vez en una época diferente y en un país con dificultades socioeconómicas, la profesional de la salud volvió a preparar la lonchera, hacer tareas y organizar cumpleaños con el esmero de quien asegura que las pequeñas “son mi vida”.

Aunque las hermanas saben que “sus papás están de viaje”, no dejan de preguntar por ellos y gritar atormentadas por la ausencia, sobre todo en momentos difíciles. “Aquí se les da mucho amor pero no es fácil compensar ese vacío”, señaló.

Rosiris de Salcedo, ama de casa, no dudó en quedarse con sus nietos cuando a su hija la llamaron para empezar a laborar en Colombia, en menos de una semana la madre de tres niños preparó su equipaje para partir. “Yo tengo a los niños, irse a una aventura como esa es muy difícil”, explicó.

Salcedo ahora es responsable de un adolescente de 14 años de edad, un niño de 10 años y una niña de 8 años de edad, a quienes no deja solos, aunque reconoce que es complicado atenderlos y cumplir al mismo tiempo con los quehaceres domésticos.

A diferencia de sus hermanos, la niña es la que requiere mayor atención, pues desde que se fue su mamá – hace tres semanas – no ha dejado de llorar “no se le puede recordar a la mamá, porque llora. Los varones están más tranquilos, lo asimilaron mejor”.

Desde la distancia, la madre trata de estar en contacto permanente con sus pequeños, “todos los días les manda notas de voz diciéndoles que está bien, que está trabajando mucho para comprarles cosas que ellos necesitan y que pronto regresará”, comentó.

¿Cómo afrontar la partida?

La psicóloga Paola Gómez, detalló que los niños no están preparados para el abandono y asimilar esta situación se dará de acuerdo con las experiencias y aprendizajes previos, “influyen los rasgos de personalidad y los comportamientos que observa el niño de las figuras afectivas significativas en el sistema familiar como padres, abuelos y hermanos”, explicó.

Considera que la comunicación con los pequeños es importante, así como se prepara el viaje con antelación, se debe conversar en un lenguaje sencillo el cambio de dinámica que vivirá la familia, “hay que hacer énfasis en que los progenitores se ausentan de forma temporal y que no cambiarán sus sentimientos hacia el niño”, señaló la especialista en Intervención Psicológica en situación de crisis.

Asegura que para sobrellevar “el viaje de sus padres”, es necesario hacerles entender que no es culpa de ellos y que tampoco es una acción de abandono. Promover el afrontamiento de la situación, facilitará que se adapten a la nueva rutina.

Instó a que los niños sean acompañados en esta etapa, por lo que recomienda fomentar actividades deportivas, recreativas o artísticas que generen disfrute en ellos y ayuden a fortalecer la relación con la cuidadora.

La especialista considera que es una respuesta normal que el infante se afecte anímica y psicológicamente, “pueden presentarse conductas de aislamiento, llanto recurrente, irritabilidad, pérdida de apetito, cambios en los patrones de sueño, respuestas desafiantes, desobediencia y rechazo hacia la figura que está a cargo”, indicó.

“Cada ser humano percibe e interpreta las experiencias de formas diversas”, respondió la psicóloga al preguntarle si este suceso es posible de superar o los marcará de por vida. A su juicio, dependerá del apoyo, acompañamiento y cómo se promueva el afrontamiento de la situación.

Carlos Trapiani, coordinador general del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), en una entrevista para radio Fe y Alegría dio algunas recomendaciones jurídicas que los padres deben considerar antes de irse.  “Es importante bajo qué figura jurídica quedan los niños, hemos visto prácticas que son alejadas a la norma, algunos otorgan un poder a un tercero para que pueda asumir el compromiso de la crianza. Insistimos en que esa responsabilidad es indelegable y no cabe la figura de poder. Lo correcto es que los padres acudan a los tribunales de protección y regularicen la figura de colocación familiar y que el juez pondere que esa persona que va a cuidar a ese niño lo va a tener en buenas condiciones”, puntualizó.

Las abuelas que quedan en casa con los pequeños, se encuentran con una etapa que ya finalizó, por lo que se ven obligadas a retornar a una dinámica que había quedado en el pasado, incluso en el olvido. Aunque representa un sacrificio cuidarlos, se consuelan al pensar que a sus nietos les espera un futuro mejor mientras aguardan porque la situación de Venezuela “algún día cambie”.

Fuente: Caraota Digital